EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Los hermanos Rosales

EL domingo pasado, en el programa de Paco Lobatón en Canal Sur, se habló del asesinato de Lorca en Granada. Hasta aquí, todo perfecto. Sólo que se omitió un detalle fundamental de la historia, no sé si por ignorancia o por mala fe, y en cualquiera de los casos, esa omisión es lamentable. ¿Y qué fue lo que se omitió? Pues el hecho irrefutable de que Lorca estaba escondido en casa de los hermanos Rosales, todos falangistas; es decir, los malos de la película en la versión en blanco y negro que nos gusta dar de la Guerra Civil. Pero los hechos son los hechos, y cuando Lorca fue detenido por una patrulla mandada por el ex-diputado Ramón Ruiz Alonso (que había pertenecido a la CEDA, la derecha católica de la República), el poeta se hallaba escondido en la casa de los hermanos Rosales, todos falangistas. Porque Lorca, al ver que su vida corría peligro en la Huerta de San Vicente, corrió a esconderse en casa de sus amigos Rosales. Y si Ramón Ruiz Alonso se salió con la suya no fue porque los hermanos Rosales delataran a Lorca, según una calumnia -como la llamó Félix Grande- que durante mucho tiempo recorrió Granada. Fue porque Ruiz Alonso fue a detenerlo un día en que los dos hermanos Rosales que ostentaban el mayor rango en la Falange local no estaban en Granada.

Éste es el dato que el programa de Paco Lobatón ocultó o pasó por alto, tal vez porque no encajaba en la visión maniquea de la Historia que tanto les gusta a los niños (y a los políticos sectarios). Como sabemos que hubo muchos falangistas malos y asesinos -y eso es un hecho irrefutable-, hemos dado en pensar que todos los falangistas, todos sin excepción, eran también malos y asesinos, así que se omitió del programa el hecho incuestionable de que los benefactores de Lorca fueran falangistas; es decir, fascistas; es decir, malos.

Pero en la Historia no hay buenos y malos absolutos. Hay monstruos, por supuesto, y hay asesinos, y hay culpables, y hay cómplices y hay instigadores y hay beneficiarios, pero también hay seres humanos que saben conservar la dignidad y la nobleza, sean cuales sean sus ideas, y no matan, y defienden a los perseguidos, y a veces hasta se juegan la vida por ellos. No son muchos, desde luego, pero los hay y los hubo en nuestra guerra. Así fueron los hermanos Rosales en Granada. Y así fueron muchos republicanos como Besteiro o Melchor Rodríguez o Joan Peiró, que intentaron evitar las matanzas de los milicianos anarquistas y comunistas que paseaban a los Lorcas del otro lado (a José María Hinojosa en Málaga, por ejemplo, aunque su caso no interese a Canal Sur). Ya sería hora de hablar de esas personas que hicieron el bien cuando todo se confabulaba para hacer el mal. Los hermanos Rosales, por ejemplo.

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