La esquina

josé / aguilar

Tres hipótesis electorales

CONTANDO con la serie de reveses electorales que lleva el PP, la nueva constelación de fuerzas políticas, la mejora de la situación económica y las consecuencias de la crisis independentista, el panorama nacional ante las elecciones generales del otoño presenta sólo dos previsiones concatenadas: ningún partido obtendrá mayoría absoluta y se abre paso alguna forma de alianza para formar gobierno (gobierno de coalición, pacto de legislatura, pacto de investidura, acuerdos puntuales).

En este contexto se pueden barajar muchas hipótesis, pero algunas son más probables que otras. Si los españoles, a la hora de decidir su voto, valoran por encima de todo la economía y el empleo, el Partido Popular se impondría como primera formación política del país -lo ha sido, de hecho, en las elecciones municipales y autonómicas-, aunque la insuficiencia de su victoria le obligaría a pactar con otros para poder gobernar. He escrito "otros", pero sólo hay un otro disponible, Ciudadanos. El PP tiene ese hándicap: su horizonte de alianzas es reducido.

Nada que ver con el PSOE, cuya vocación de centralidad corre pareja con su enorme versatilidad y ambición. Una mayoría relativa, que actualmente se antoja difícil de conseguir, lo situaría en mejores condiciones para volver a la Moncloa. No tengo ninguna duda de que su primera opción de alianzas será también Ciudadanos. Una coalición Sánchez-Rivera, con diversidad de fórmulas, supondría una salida normal para garantizar la gobernabilidad que la situación requiere y tranquilizar a los poderes económicos.

La tercera hipótesis encierra más peligro. Si se repite el modelo de las autonómicas y locales, el PSOE de Sánchez -no el de Susana Díaz-, aunque sea perdiendo frente al PP, tendría la tentación más o menos irresistible de pactar con Podemos, nacionalistas montaraces y otros grupos radicales para formar una pinza y arrebatar a los populares el gobierno. Se formaría un gobierno de perdedores en votos y diputados, cuya estabilidad dependería de concesiones muy alejadas de la práctica socialdemócrata.

Opino que esta solución sería la peor para el país, pero no está lejos de la realidad posible y de las apetencias de la actual dirección socialista. Todavía pasarán muchas cosas antes de que los ciudadanos configuren el escenario más acorde con alguna de estas hipótesis. Nada está escrito.

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