Al punto

Juan Ojeda

La historia del 'CriSanTelmo'

SE podría definir, así entre amigos, el CriSanTelmo, escrito con tres mayúsculas, como el palacio de San Telmo, reinaugurado en plena crisis, e incluso le podríamos dejar ese nombre para que, en futuros tiempos de gloria y esplendor, no nos olvidemos de lo que estamos pasando.

Y es que, seguro, la Junta de Andalucía, cuando decidió embarcarse en la rehabilitación de la sede de su Presidencia, ese edificio emblemático del barroco andaluz, hace ya casi cinco años, no previó que su reapertura iba a coincidir con el ánimo de los andaluces sobrecogido por las consecuencias de un deterioro de la situación económica que nos ha llevado a superar el millón de parados. Y muchos de ellos tienen dificultades para pagar la hipoteca del pisito de protección oficial.

Como es lógico, en estas circunstancias, aunque no se atrevan a decirlo, uno entiende que les dé corte el hacer ahora la mudanza a ese pedazo de palacio. ¡Qué apuro! Pero claro, después de haberse gastado cincuenta millones de euros en la reforma, no es plan de dejarlo ahora vacío, y tampoco sería apropiado destinarlo, por ejemplo, a comedores para necesitados, porque no es presentable el manchar de sopa de fideos los mármoles de Carrara y, además, que en ese marco lo que pegaría serían vajillas de porcelana y cubiertos de plata. Y destinar la vivienda del presidente para refugio de los sin techo puede parecer excesivo. O sea, que no.

Ahora bien, se podría llegar a un acuerdo con el PP, en base a su anunciada intención de destinarlo a museo cuando lleguen a la Junta, negociando, eso sí, el contenido de ese museo, porque lo de las figuritas de porcelana, dejado caer en plan de sorna por el presidente Griñán, tampoco parece lo más apropiado. Pero, a lo mejor, para resolver el problema, se podría convocar un concurso de ideas entre todos los andaluces, que ahora van a tener ocasión de recorrer el palacio, en esas jornadas de puertas abiertas, que les van a dar la ocasión de comprobar que los cincuenta millones han sido espléndidamente invertidos.

Tal vez a alguien se le ocurra proponer que se convierta en una galería pictórica, en la que se colgasen los retratos de todos los consejeros que de la Junta han sido, o alquilarlo para bailes de debutantes en sociedad.

En fin, es cuestión de imaginación, aunque no sirva para nada porque todos sabemos que allí se instalará la Presidencia de la Junta, y que dentro de unos años, nadie ser acordará de la historia del CriSanTelmo.

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