PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Nos roban los tejados y la historia en horario de sobremesa de Copa Davis

EL robo de elementos estructurales de los tejados y cubiertas de las antiguas naves de Renfe en San Jerónimo, perpetrado el pasado sábado a plena luz del día, indica hasta qué punto toda construcción sin uso, tanto en la capital como en cualquier municipio de la provincia, está siendo pasto del saqueo o lo va a ser muy pronto si no se evita con prevención. La búsqueda de hierro y cobre, por un lado, o, por otro, la rapiña de cualquier cosa a la que se le presuponga valor de contrabando en el mercado de la chatarra o la antigüedad, animan a las bandas delictivas a rondar polígonos, fábricas, iglesias, instalaciones deportivas, infraestructuras, monumentos, urbanizaciones,... Sobre todo en los enclaves donde apenas haya actividad. Comenzaron por fincas y lindes, por parajes alejados de núcleos urbanos. Después han llegado a desmontar enteras, y llevárselas en camiones, naves sin uso en polígonos industriales. Ahora ya intervienen dentro de la capital. Como nos descuidemos, en el próximo puente festivo se llevan los primeros tubos de la Feria, las Naves del Barranco, las grúas de los extintos Astilleros, y hasta la desmontada portada renacentista del defenestrado convento de San Agustín. ¿Tendrán que convertirse las asociaciones de defensa del patrimonio en patrullas de vigilancia?

Si en San Jerónimo desarbolan un símbolo del barrio, por muy penosas que estén las naves, y lo hacen en la sobremesa, de cuatro a cinco de la tarde, sin que la Policía Local se persone tras los avisos del vecindario, porque a esa hora la mayor parte de los agentes estaban en el despliegue de seguridad y tráfico vinculado a la Copa Davis, cada vez que haya un evento de campanillas en la ciudad la inseguridad estará servida en bandeja para temer cualquier hurto voluminoso. Zoido prometió durante la campaña que esas antiguas naves de Renfe iban a ser remodeladas de modo integral para convertirlas en equipamiento empresarial. Por el momento, con ellas sólo hacen negocio los ladrones.

Hay que animar el cotarro en la ciudad de los vacíos para estorbar la avidez de hurtos. Ya sea el Pabellón de Francia en la Expo, la Fábrica de Tabacos en Los Remedios, La Trinidad en Miraflores, el auditorio de la SGAE en la Cartuja. Como no saben dónde meter a las bandas de música, salvo cuando salen de paseo, que entren en estos enormes vacíos y los llenen de ruido para espantar a los desvalijadores.

La monumental Fábrica de Artillería también está expuesta al robo de sus vigas, cubiertas, maderas, piezas de fundición y remates de su histórica configuración. Mal que nos pese, ahora no hay ni dinero ni proyecto para convertirla en el mejor centro cultural de Sevilla. Siendo una frustrante barbaridad que el Ayuntamiento lo convierta en almacén de los Bomberos, hay que darse un baño de realismo y plantearse que la prioridad ahora es cómo defender estos edificios de gran valor patrimonial ante la ofensiva depredadora de los cacos. Sí, y también ponerlos a salvo de las ocurrencias de los políticos.

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