Desde mi córner

Luis Carlos Peris / Lcperis@grupojoly.com

Un hombre de fútbol auténtico

Con Paco Cuervas desaparece una forma de ser, una manera de tener al fútbol como una vocación sin límites

DESPEDÍAMOS ayer a un hombre de fútbol, un hombre de fútbol integral. Nos despedíamos de Paco Cuervas, un hombre que tenía el fútbol como obsesión y al Sevilla como ilusión. Fue velado con la bandera del Sevilla cubriendo su féretro y en ese momento del adiós coincidía un sevillismo variopinto; sevillismo de antes, de mucho antes que antes y de ahora. Desde Pepe del Río o José María Cruz a los que, bajo la férula de José María del Nido, han enjaretado el mejor Sevilla conocido, todos allí con el ánimo contrito porque se nos iba para siempre un hombre de fútbol, insisto que un hombre de fútbol.

Y es que hombre de fútbol no lo es todo aquel que se cree a sí mismo un hombre de fútbol. Paco sí que lo era desde que su vocación de futbolista se truncó porque no todos los llamados son elegidos a la hora de la verdad. Mientras su hermano Luis ya era directivo importante en la junta de José Ramón Cisneros, él hacía su particular aprendizaje en el Don Bosco y el campo trinitario de la Residencia era su segunda casa. El fútbol y hablar de fútbol con amigos como Pepe Alfaro era el hobby de un sevillista sin otra preocupación que ir descubriendo futbolistas para que los que verdaderamente sirviesen no fuesen a parar a otro equipo que no fuese el Sevilla.

Me precié de una amistad que me constaba correspondida a través de innumerables tertulias en cualquier bar de la calle Oriente en las que Pepe Alfaro, dolorosamente muerto un mes atrás, pontificaba sin necesidad de engolamientos. Y Paco, que era un discutidor nato, asentía a cuanto decía nuestro común amigo y te hablaba de Nimo, un chaval que estaba rompiendo en la Trinidad a líbero caro. Ayer se me agolpaban recuerdos de vivencias compartidas mientras Manolo Vizcaíno y Pepe Castillo no podían contener las lágrimas, la bandera del Sevilla cubría el féretro y todos nos mirábamos con pena por la marcha definitiva de un hombre de fútbol auténtico.

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