BREVIARIO

Alejandro V. García

El hombre invisible

DE pronto, al pasar una página, descubro a Camps. ¿Qué fue de Camps, qué fue del hombre que ganó tres veces por mayoría absoluta en Valencia, el tipo cuyo honor Rajoy trató de redimir con una faena de aliño en la plaza de toros de su tierra? El ex presidente sigue en la audiencia, perdido en la monotonía de las sesiones, cien horas ya respondiendo por los trajes regalados, viendo desfilar a los testigos, hombro con hombro con Ricardo Costa. Camps, a lo largo de las dieciocho sesiones que dura ya la vista oral, ha experimentado una rara metamorfosis. El hombre que los primeros días del juicio respondía a los abogados con la altanería de un tipo acostumbrado al vasallaje, el ex presidente que aún se exhibía con arrogancia, se ha ido encogiendo, como le ocurre a una prenda barata después del primer lavado. La última vez que lo vi, Camps se había encastillado detrás de su abogado para reducir la perspectiva del presidente del tribunal, que lo había amenazado con la expulsión, y no paraba de susurrar al oído, como si fuera un confesor, órdenes, quejas, protestas. Ya apenas se le veía. Del mismo modo que el PP ha ido desdibujando a quien fue su favorito, Camps, en las imágenes, es sólo un bulto medio entrevisto y gesticulante que aparece y desaparece camino quizá de la completa invisibilidad.

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