palabra en el tiempo

Alejandro V. García

La hora andaluza

EL último impedimento que va a encontrar Javier Arenas para entrar victorioso en San Telmo dentro de tres meses va a ser su propio partido. O mejor dicho, el Gobierno de su propio partido. Si la reputación de Aznar fue arruinada por el Trío de las Azores, la de Arenas la puede socavar el Trío de los Escozores formado (descontada Soraya, que es como el espíritu santo del grupo) por el ministro de Economía, Luis de Guindos; el de Hacienda, Cristóbal Montoro, y la de Empleo, Fátima Báñez. El tridente económico ha conseguido lo que ningún otro gobierno antes en democracia: enfadar a muchos a la primera de cambio. Son los riesgos de tocar el bolsillo sin permiso a las clases medias.

Jamás un Ejecutivo había traicionado tan pronto sus propias promesas electorales. Y si esto es sólo el principio, recelan algunos, ¿qué ocurrirá después, cuando no sea necesario mantener las formas para tomar Andalucía? La inopinada subida del IRPF no sólo ha contrariado a quienes creyeron en el compromiso en sentido contrario de Rajoy sino a quienes confiaban en que la lucha contra el déficit sería compatible con la generación de riqueza y el mantenimiento del consumo. Pero no ha sido así. Aunque los ministros no saben muy bien si el déficit está en torno al 8%, en el 8% exactamente o en el ocho y unas décimas, el trío se ha conjurado para justificar así el incremento del IRPF y seguramente el del IVA en cuanto dejemos atrás las elecciones autonómicas. Empiezo a sospechar que las vacilaciones del ministro De Guindos sobre el aumento del IVA son producto del interés electoral inmediato del PP en Andalucía.

Porque cada decisión restrictiva del triunvirato económico, y cada incumplimiento electoral, supone un obstáculo al presunto paseo triunfal de Arenas en Andalucía. No está nada claro que las medidas económicas, centradas en contentar a los mercados a través de Alemania y Francia vayan a crear empleo. ¿Entonces? Queda por delante un trimestre jodido. Eso explica los esfuerzos de Arenas por lustrar su imagen de líder. El pretendiente acudió el martes a Córdoba, según las crónicas, a "lucirse". Rodeado de los ministros andaluces, el de Agricultura, Miguel Arias Cañete, y la de Empleo. Faltó por enfermedad Montoro. Hubo loas por un tubo. Sólo faltó que le cantaran al entrar los Salmos de David y a la salida las odas olímpicas de Píndaro. Pero ¿son suficientes esos baños elogiosos para asegurar los votos de la mayoría absoluta? Por supuesto que no. Con el PSOE a medio componer y atrapado por los cataplines por la juez Alaya, los únicos inconvenientes que en apariencia separan a Arenas del triunfo son el desengaño y el desencanto. Y cierta sensación que va calando de que la entrega absoluta del poder a un solo partido no es recomendable.

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