crónica personal

Pilar Cernuda

La hora de las huelgas

SE esperaba. Ya se lo advirtió Mariano Rajoy al comisario Olli Rehn a los pocos días de jurar como presidente, los sindicatos le iban a preparar una huelga general más pronto que tarde. Tragaron todo lo tragable con un Gobierno socialista catastrófico, pero se echarían a la calle con un Gobierno de centro o de derechas. No sólo Rajoy esperaba la huelga, pero nunca se pensó que llegarían a tanto, a convocar dos huelgas generales en un año, la primera vez en democracia.

Es evidente que los sindicatos españoles utilizan la vara de medir según les conviene. Y es evidente también que en su modus operandise incluye no movilizarse ante un presidente socialista, aunque haya mandado al paro a millones de trabajadores, y aunque haya cogido un país en una situación inmejorable que convirtió en un infierno porque se negó a aceptar que había crisis y por tanto no tomó medidas para paliar los efectos de la crisis. Pero cuando llegó Rajoy con la tijera y cortó en todos los sectores, incluido el sindical, entonces ya cambió la cosa. Cuando exigió que los liberados fueran los que marca la ley y no los que designaban los sindicatos, cuando les quitó los cursos de formación que suponían tanto dinero y tanta influencia, y cuando les cortó las subvenciones directas, al igual que hizo con las organizaciones de empresarios, entonces Toxo y Méndez ya incorporaron a su vocabulario las dos palabras clave: huelga general.

Así que tenemos huelga el 14 de noviembre, como la tuvimos el 26 de septiembre, aunque con escaso éxito porque a los sindicatos se les ve el plumero. Tanto se les ve que por vergüenza torera convocaron también una huelga a Zapatero cuando el clamor ante su impasividad ponía en riesgo su prestigio entre los trabajadores, pero aquella huelga fue tal farsa que ni siquiera contabiliza entre las huelgas de la etapa democrática. Se la llamó, con razón, huelguita.

Estamos crujidos con los recortes de Rajoy, agobiados y en muchos casos aterrorizados por la falta de perspectivas, pero esto no se arregla con manifestaciones, amenazas, agresiones y quema de contenedores, como ha ocurrido los últimos días. Es hora de cooperar, no de echar basura sobre España. Es hora de demostrar serenidad y solidaridad ante la gravísima situación que estamos viviendo, para que los que pueden sacarnos de donde estamos vean que los españoles son gente de fiar y que arrima el hombro cuando vienen mal dadas. Es hora de sumar y no de restar.

No han tomado ni una sola iniciativa que demuestre sentido de responsabilidad en un país que atraviesa una crisis muy profunda. Han sobrepasado todos los límites, incluso han alentado a niños y jóvenes para que hagan huelga en los colegios, lo nunca visto. ¿Y aún piden apoyo a su labor sindical? ¿Qué labor, la de vivir de la sopa boba de los Presupuestos Generales del Estado?

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