Visto y Oído

Antonio Sempere

Cuatro horas

LARGUÍSIMA y sin sorpresas. La 29 Gala de los Goya se pasó 50 minutos del horario previsto, rozando las cuatro horas de duración, lo que seguramente le benefició a la hora de contabilizar a las audiencias. Casi cuatro millones de espectadores siguieron el evento, que logró un excelente 24 por ciento de cuota de pantalla, y que ampliaba porcentaje a medida que avanzaba la madrugada.

La velada se iniciaba a las ocho de la tarde con el especial sobre la alfombra roja en el que María Casado deslizó un error de bulto, nada más iniciarse la conexión, al afirmar que las taquillas del cine español de 2014 sumaron 60 millones de euros, cuando en realidad rebasaron con amplitud los 130 millones. Y concluyó, casi al filo de las dos de la madrugada, con ese silencio elocuente de David Trueba, galardonado en la pasada edición con el premio al mejor director, que se encargó de entregar junto a Álex de la Iglesia y el incontinente verbal José Luis Cuerda el de este año a Alberto Rodríguez. La autoridad moral de David Trueba se tradujo en presencia callada. Esa autoridad moral de quien, si quisiera, podría presidir la Academia.

Dani Rovira cumplió como se esperaba. Y el aplausómetro de la sala señaló cómo los premios concedidos a los actores de '8 apellidos vascos', a Karra Elejalde, Carmen Machi y a él mismo, fueron acogidos con un cariño unánime.

El mismo que en otro de los momentos cumbre de la noche, el In Memoriam. Pedro Almodóvar alardeó de mala educación, y Antonio Banderas de todo lo contrario. Si el cine que hace el actor malagueño fuese bueno ya sería la caraba. Carlos Marqués-Marcet, el director de '10.000 km.', la joya de Málaga 2014, pronunció el discurso más luminoso de la noche. El más emocionante y esperanzador.

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