La ciudad y los días

carlos / colón

El horror en Boston

DOS explosiones disparan rodamientos, clavos y metralla; gritos, lágrimas, sirenas, sangre por todas partes, miembros amputados, 130 heridos -17 en estado crítico- y tres muertos, entre ellos un niño de ocho años cuya hermana ha perdido una pierna. El terrorismo, otra vez. Una plaga moderna. Los anarquistas desde finales del siglo XIX a los primeros años del XX -además de decenas de asesinatos y magnicidios, bombas en el Liceo de Barcelona (20 muertos), contra la procesión del Corpus en Barcelona (ocho muertos) o el cortejo nupcial de Alfonso XIII (24 muertos)- fueron la primera expresión de esta epidemia. Después vinieron los nacionalistas irlandeses. Y tras ellos los nazis y los fascistas. Tras 1945 el terrorismo fue de extrema derecha y extrema izquierda. Terribles años de plomo de los Núcleos Armados Revolucionarios, Orden Negro, Orden Nuevo, Brigadas Rojas, Lucha Continua o Fracción del Ejército Rojo (Baader-Meinhof). De los que, afortunadamente para Europa y desgraciadamente para nosotros, sólo sobrevive y sigue siendo aclamada ETA (recuérdese el reciente y vergonzoso homenaje al terrorista Javier Gómez Peña, Thierry). Extintos estos episodios llegó el terrorismo islamista desde 1988.

Leo en Le Monde que los servicios antiterroristas americanos manejan varias pistas, sobre todo ligadas a la extrema derecha americana y el fundamentalismo islamista. Y, con respecto a esta última, que "el hecho de que hubiera dos explosiones casi simultáneas recuerda los modelos de atentados difundidos por la revista Inspire, que se puede consultar en internet, debida a Al Qaeda".

Esto cierra el círculo terrorista desde finales del siglo XIX a principios del XXI. Como escribe el profesor Juan Avilés en La lógica del terrorismo. El caso de los atentados anarquistas en España, 1892-1897: "Los medios de comunicación multiplican el efecto del terror en la población amenazada y estimulan la incorporación a la lucha de nuevos terroristas... La función de las publicaciones anarquistas fue más la de estimular a futuros terroristas que la de amplificar el efecto de miedo creado por los atentados; función esta que involuntariamente cumplían los diarios de gran tirada, por la relevancia que daban a los magnicidios o los atentados masivos. La historia del terrorismo es inseparable de la historia de la comunicación". Más de un siglo después sigue siendo así, agravado todo por las redes sociales.

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