el periscopio

León / Lasa

Como las huchas del Domund

La UE pide control de la inmigración a África a cambio de un puñado de monedas

OCURRE cerca de nosotros. A veces vemos alrededor de nuestros hogares a algunos de los que logran escapar del infierno. Los medios -si no hay ningún evento deportivo importante que lo solape- se encargan de airear la situación de forma machacona: forma parte del show. Se está produciendo algo parecido a un genocidio, pero nos negamos a ver sus efectos reales; tampoco sus causas. No nos interesa. Nos beneficiamos de ello, aunque nos cueste reconocerlo. Si en un hipotético futuro se nos preguntara qué es lo que hacíamos mientras decenas de miles, cientos de miles, morían exangües, contestaríamos que no sabíamos nada, que no podíamos saber nada. ¿Les suena la historia? No, no me estoy refiriendo al asesinato de judíos en los campos de concentración nazis, ni tampoco a la menos conocida matanza de armenios -millones- a manos del Imperio Turco durante la I Guerra Mundial. Sino a la masacre slow motion que vive África y por cuya solución tan poco hacemos. Se calcula que casi 10.000 niños mueren al día de hambre. La mayor parte en el continente negro. Multipliquen por 30 días; o por 365. Los que pueden, los más fuertes, los más osados, ellos, huyen, tratan de huir de ese enorme campo de concentración en el que se está convirtiendo África. La mayor parte se queda. En mi infancia intentábamos paliar inocentemente algo esa situación con las huchas del Domund, que los mayores recordarán, y con las que pedíamos por las calles ayuda para las misiones. Aunque nos creamos lo contrario, no hemos avanzado nada.

Ahora, en un ejercicio de cinismo, la UE vincula las ayudas a los países africanos a que estos se comprometan a regular los flujos migratorios: i.e., a que no salgan de esos territorios o lleguen a nuestras costas tales visitantes incómodos. O que lleguen unos pocos, los suficientes para que aplaquemos nuestra necesidad de sentirnos solidarios. También a que acepten a los que son expulsados de la UE. A cambio, un puñado de monedas. La UE ha aprobado un paquete de 60.000 millones de aquí al 2020. Lo que significa un ridículo 0,08% del PIB anual. Por hacer de poli malo. En la reconstrucción de Europa, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos gastó un 1,4% de su PIB en cada uno de los cuatro años del Plan Marshall. Y se calcula que únicamente en remesas los emigrantes africanos envían a sus países más de 80.000 millones de euros anuales. Sólo en Libia hay casi 250.000 subsaharianos esperando a saltar a la orilla norte. Mientras no seamos capaces de comprender la magnitud del problema y la necesidad de compartir de verdad, la cuestión migratoria solamente admitirá parches muy limitados. ¿Es económica y ecológicamente viable que el africano medio viva como el europeo medio?

PS.: Ahora, en estos tiempos de deconstrucción total, los programas políticos se dan a conocer en catálogos de Ikea. Me parece de una coherencia bárbara.

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