Las dor orillas

José Joaquín León

La humedad de la sequía

SEGÚN Manuel Marchena, consejero delegado de Emasesa, Sevilla tiene agua para tres años y dos meses, con los embalses al 74% de su capacidad. No sé si ustedes tendrán la misma impresión, pero desde que vino Al Gore para hablar del calentamiento global, parece que ha llovido una barbaridad. Hemos vivido buena parte de enero y los primeros días de febrero entre alertas naranjas y amarillas.

-Así da gusto cómo crecen las setas de la Encarnación. ¡Bien regadas que están!

Las setas están carísimas. Por eso, el alcalde Monteseirín se mostró dispuesto a abrirlas a plazos. Pero, en esta temporada invernal de setas venenosas, estamos sufriendo una sequía de lo más húmeda. Ya os enteraréis cuando venga una sequía de las de medio año sin que caiga una gota. Aun así, esos días de alertas confunden, pues los datos oficiales de las precipitaciones en el año hidrológico son pésimos. Dicen que en enero sólo cayeron 45,1 litros por metro cuadrado.

-¡Otro misterio de Sevilla! La ciudad de los grandes misterios…

Aquí hay grandes misterios, desde Los Caballos por la Cuesta del Rosario hasta la fecha de inauguración del Metro. Pero este misterio de las lluvias es inexplicable: si en Grazalema han caído ya más de 1.000 litros, si en las provincias de Cádiz, Málaga, Granada y Almería tienen superávit de agua en este año hidrológico, ¿por qué Sevilla capital tiene el peor dato de Andalucía, con un déficit de más de 130 litros?

Es cierto que, en esos registros, no midieron los litros que había en el césped del Sánchez Pizjuán antes de que empezara el partido Sevilla-Athletic de Bilbao. Pero parece muy llamativo que el mayor déficit de lluvias de Andalucía se concentre aquí, como si las nubes dieran un rodeo.

-El agua de Sevilla vale su peso en oro. Fíjate que en Nueva York las botellas del agua de Emasesa costarán 20 euros.

Marchena les vendería un embalse entero. Así te explicas que en Sevilla no llueva, a pesar de lo que ha caído. Y tampoco nieva. En este año de nieves hemos perdido una ocasión histórica, como aquella del 54. Con una buena nevada, Sevilla hubiera sido como Londres: no hubiera funcionado ese día ninguna línea del Metro, para variar. Y hubieran cerrado el aeropuerto, sin amenazas, a pesar de que le quedan algunos vuelos. Y Magdalena hubiera dado explicaciones de urgencia, con el consiguiente peligro lingüístico.

Se ha publicado que el mes de enero más caluroso de los últimos años fue el de 1959, cuando Sevilla alcanzó una máxima de 24 grados. Si se repitiera ahora eso, que ocurrió medio siglo antes de Kioto, no tendría dinero Monteseirín para pagarle otra conferencia a Al Gore sobre las calenturas y el calentamiento. Los rigores del clima son nefastos. Nunca llueve a gusto de Emasesa.

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