PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Las iglesias de las dos Sevillas se ponen al frente de la manifestación

MIENTRAS un alcalde socialista intensifica el reparto de medallas a advocaciones de los cofrades (la Virgen de Regla es la última de este exceso político tan poco evangélico), desde el Palacio Arzobispal se bendice la ética de la huelga general contra la reforma laboral ordenada por Zapatero. Mientras los políticos socialistas se pegan como una lapa a Miguel Poveda para salir en la foto de una rueda de prensa (¿tan resueltos están todos los problemas que asfixian a la Administración y a los ciudadanos como para tener tan lisonjera su agenda?), en las parroquias de las barriadas se reza cada vez más para implorar un puesto de trabajo. Son familias en paro que viven de los ahorros de los abuelos, de los subsidios que se van agotando y de cuatro trapicheos sumergidos. En esos templos sin boato se sabe mucho más que en la Sevilla de los coches oficiales sobre el hundimiento en la pobreza de miles de sevillanos.

La mayor parte de los ateos pueden suscribir el texto de la Pastoral Obrera de Sevilla. Y el común de los economistas, pues han desvelado por activa y por pasiva la falacia de la reforma laboral aprobada en el Parlamento: no remedia los verdaderos problemas del ineficaz sistema productivo español.

Los sindicatos tienen muchos defectos y culpas. Los curas de la Sevilla obrera, con el plácet institucional de monseñor Asenjo, les hacen un quite, no por alegrar a Méndez y Toxo, sino por la esperanza de que algo beneficie a sus feligreses más desgraciados.

En vísperas de los fastos del sábado para beatificar a una mujer que se desvivía por los pobres, la pastoral es muy oportuna para que todos en Sevilla, dentro y fuera de la Iglesia, analicen el deterioro moral de su escala de valores.

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