LAS EMPINADAS CUESTAS

Amparo Rubiales

La igualdad también perdida

DESDE finales de 2010 en que empecé a escribir estas columnas han pasado tantas cosas que parece que vivimos en otro mundo, infinitamente peor que el de entonces; hoy, estas cuestas son mucho más empinadas para todos, pero, desgraciadamente, aún más para las mujeres, las primeras víctimas del desmantelamiento del Estado de bienestar. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, repiten, sin especificar quiénes, porque no para todos ha sido igual, y, sin embargo, ahora con los brutales recortes con los que nos están ajusticiando, quienes más están sufriendo sus consecuencias son, precisamente, quienes nunca disfrutaron de ningún "paraíso". Estas declaraciones altisonantes, machaconamente repetidas, producen un empeoramiento diario en nuestras vidas, provocando, escribe Javier Pérez Royo, "una moción de censura general" que afecta a la credibilidad política e institucional.

Una sociedad nueva está creciendo, consecuencia de la crisis, de la que saldremos, aunque no sepamos cuándo ni cómo; diferente será, pero ¿mejor?; se están llevando demasiadas cosas esenciales por delante, algunas perdidas definitivamente y otras costará mucho tiempo restablecer; no me refiero sólo a lo más necesario, lo primero de todo, el empleo, el derecho más básico que habría que recuperar, para evitar que sigan sucediendo miles de tragedias silenciadas, que nos rodean y de las que no queremos darnos cuenta, o el deterioro de ese Estado de bienestar golpeado en su sanidad, educación y dependencia.

En un informe coordinado por María Ángeles Durán, El trabajo no remunerado en la economía global, se dice: "Cuidar a los dependientes supone un importante esfuerzo personal y económico para la familias. La crisis llevara a muchas personas, sobre todo mujeres, a tener que renunciar a su trabajo para atender a sus menores o ancianos". "Si no se pueden mantener los servicios sociales, será una tremenda amenaza para las mujeres"

A lo largo de la historia comprobamos cómo las crisis económicas devuelven a las mujeres al hogar, del que para algunos nunca debían haber salido; acentúa la resistencia masculina y empresarial a eso tan necesario que es la corresponsabilidad; sobre esto tampoco se reflexiona, sólo hablamos de déficit, no de las consecuencias de lo que están haciendo para atajarlo; la situación de la gente es trágica, y la de las mujeres más; por ejemplo, están más expuestas por la reforma laboral, retrasan la maternidad y, cuando son madres, la escuela y la sanidad les faltan; siguen con el cuidado de sus hijos, nietos, padres y de cuantos familiares dependientes las rodean; el mujerismo no sustituye al feminismo.

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