Desde el fénix

José Ramón Del Río

La igualdad

QUE todos los hombres nacen iguales hoy nadie lo discute. Por ello, nuestro flamante Gobierno quiere dar otro paso y pone el acento, más que en la igualdad de todos, en la igualdad que debe existir entre mujeres y hombres. Aunque ya nuestra Constitución proclama que los españoles son iguales ante la ley, sin discriminación por razón de sexo, el año pasado se aprobó una Ley de Igualdad que contempla una serie de medidas para hacer efectivo el derecho a la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres. Por si fuera poco, en la remodelación del Gobierno nombrado después de las elecciones se ha creado un Ministerio para la Igualdad y nombrado como titular a una joven de 31 años, nacida en Alcalá de los Gazules. Como de esta localidad es su patrón San Jorge y, como quiera que la imagen acaba de volver al pueblo, después de ser restaurada, se ha considerado este nombramiento como el primer milagro del santo después de la restauración.

También invocando la igualdad de los sexos, las enfermeras y auxiliares de una clínica gaditana denunciaron que se les obligaba a vestir faldas, con su uniforme, cuando sus compañeros varones podían usar pantalones. La polémica ha tenido resonancia nacional y al día de hoy no se sabe a quién darán la razón. Esta guerra por la conquista del uso del pantalón parece inútil, porque desde hace tiempo las mujeres que lo deseen pueden vestir pantalones y éstos no son ya atributos de masculinidad. En el Paraíso Terrenal, Adán y Eva se cubrieron después de comer del fruto prohibido con la misma prenda: hojas de higuera. En Grecia y Roma, hombres y mujeres vestían faldas, porque el pantalón es un invento reciente. Sólo durante un siglo, el pantalón fue vestimenta exclusiva de los varones, porque en 1939 la modista francesa Coco Chanel presentó su colección de pantalones femeninos, cuyo uso ya se reivindicaba por las feministas. En cuanto a las faldas, lo reseñable es el acortamiento de su longitud: desde la que cubría hasta los tobillos hasta la minifalda que diseñó la inglesa Mary Quant.

Ya tiene tarea el nuevo departamento para que las enfermeras y auxiliares de clínicas puedan usar pantalón, si lo desean, y para que a los varones de los mismos empleos se les permita el uso de faldas si, por razones climáticas o de simple comodidad, ésta es su elección. Resuelto este tema, podría el Ministerio eliminar otras desigualdades, como las que suponen que unos españoles paguen el Impuesto de Sucesiones y otros no, dependiendo de donde viviera el causante de la herencia, o que los que ejercen la misma función en la Administración pública cobren distinto según hayan sido o no transferidos a las autonomías. Hay, pues, tarea.

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