Cosas que pasan

Ricardo Castillejo

El iluso ortoréxico

SON las ocho menos cuarto. Abro los ojos y me lanzo como una fiera al tazón con cereales integrales que, según mi dieta, debo comerme en este momento justo. Me ducho y me arreglo mientras miro de reojo la foto de Eros Ramazzotti que he pegado sobre el espejo del baño para que sus curvas de "Airbag" me adviertan de eso en lo que podría desembocar si no sigo los consejos de mi entrenador personal.

A media mañana, con el desayuno aún saltando en el estómago, preparo mi batido de proteínas con sabor a fresa -de vainilla no quedaba-, y releo la revista Sorpresa donde, aparte de Eros, Daniel Ducruet y José Manuel Seda -novio de Belén Rueda-, son otros de los que lucen sin complejos unas barrigas ideales para reposar la cabeza y echarse un rato.

Yo, sintiéndolo mucho, no puedo permitirme ese lujo. Me espera el almuerzo que, en función del día, combina pescado blanco con pasta o pescado azul con arroz. Un "variadísimo" menú en el que, es evidente, no tienen cabida ni el pan, ni, mucho menos, el alcohol o los dulces. Agua, sí. H2O en ingentes cantidades para ahogar los gritos que lanza mi estómago reclamando otros alimentos insanos pero más sabrosos.

Sin embargo, algo está haciendo efecto y mi abdomen se alisa cada vez más en sintonía con el de los "tallarines", a saber, Hugo Silva, Andrés Velencoso o David Beckham. La publicación con el nombre del histórico programa de Isabel Gemio me desvela, durante mi hora y media de gimnasio, más datos de una sui generis interpretación de la morfología de los cuerpos masculinos.

Seis de la tarde. Turno del sándwich de atún que mastico con desgana pensando hasta cuándo podré mantener este ritmo aceptado voluntariamente para conseguir un físico de "embudo". Ése con el que Darek enamoró a Ana Obregón, Matthew McConaughey a Penélope Cruz o Jesús Vázquez a Roberto, su marido. Ellos, con su sola presencia, pueden acceder a aquello que se propongan. Así que, tras cenar una inmensa ensalada, me acuesto esperanzado en que, cuando despierte, la transformación será ya una realidad. ¿No dicen que de ilusión también se vive?

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