La tribuna económica

Rogelio / Velasco

La impaciencia del jardinero

LA polémica sobre la necesidad de ejecutar un segundo plan de estímulo en las economías occidentales, especialmente en EEUU, se ha reavivado estos días tras las declaraciones de influyentes economistas académicos, cuyas opiniones han sido recogidas en los principales medios nacionales e internacionales. Como ya ocurrió en 1937 al otro lado del Atlántico y, más recientemente, en la pasada década en Japón, el riesgo que corremos -se afirma- es que los estímulos suministrados a las economías no sean suficientes para evitar una recaída de la actividad y, lo que podría ser peor, un hundimiento de las expectativas de consumidores y empresarios, generándose una espiral depresiva más difícil y costosa de detener.

Creemos que es imprescindible analizar el impacto temporal que tienen las medidas adoptadas por los gobiernos para juzgar si lo hecho hasta ahora es suficiente o no, porque puede ocurrir que lo que estemos juzgando -sin percibirlo- sea la velocidad del impacto de las medidas, pero no las medidas en sí o el volumen comprometido. Es como si estuviéramos juzgando el impacto sobre el crecimiento de una planta por el agua que estamos echando ahora, sin tener en cuenta que necesita un periodo más prolongado para que surta efecto sobre el crecimiento de la misma.

La observación dinámica de las medidas adoptadas es, si cabe, más importante, porque la actual crisis es mucho más compleja que las anteriores, del tipo: tensiones inflacionistas, subida de tipos de interés, tensiones cambiarias y contracción de la actividad. Se han pinchado dos burbujas -financiera e inmobiliaria- a una escala desconocida en los últimos 70 años, requiriendo unas intervenciones monetarias y fiscales con impactos difíciles de valorar, por la propia reacción del sector privado: los bancos no prestan, las empresas reducen deudas, las familias no consumen, etc.

Por vez primera desde que se tienen registros de las economías occidentales, algunos países muestran aumentos de productividad en paralelo a la caída de la producción. Esta evolución puede ser síntoma de un cambio estructural que va más allá de la crisis a corto plazo.

Para llamar a la cautela a aquéllos que están pidiendo una segunda ronda de estímulos, el Consejo de Asesores Económicos del presidente Obama acaba de publicar una estimación del impacto de las medidas adoptadas. Durante este año, se crearán 700.000 puestos de trabajo. Pero en los años 2010 y 2011 ese impacto se multiplicará por 3. Ese efecto diferido en el tiempo es también corroborado por el valor del multiplicador del gasto público, que si bien este año será ligeramente superior a 1, se incrementa en un 50% en los dos años siguientes.

Las medidas de estímulo fiscal y monetario, al otro lado del Atlántico y en éste, tardan, pues, más de un año en tener un impacto significativo sobre la renta y el empleo. La actitud prudente es no precipitarse con estímulos adicionales. La ingente masa monetaria y de deuda pública colocada en el mercado, habrá que ir retirándola paulatinamente los próximos años. No sea que, por echar demasiada agua ahora, provoquemos una inundación que no seamos capaces de achicar mañana.

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