Las dos orillas

josé Joaquín / león /

De imparable a impagable

DEMASIADOS proyectos que cojean son herencia de aquellos tiempos de la Andalucía imparable. Me refiero a aquellos años de Manuel Chaves en la Junta, antes y después de la pinza, en los que se hablaba de la Segunda Modernización, la California del sur y todo eso que hoy nos suena a chistoso. Entonces se planteaban proyectos de infraestructuras con una alegría que la crisis maldita tiró por tierra. De un extremo se ha pasado al otro. Entre los ejemplos de las obras públicas fastidiadas por los acontecimientos posteriores están las nuevas líneas del Metro de Sevilla,el AVE de Sevilla a Antequera y el tranvía de Alcalá.

En aquellos tiempos gustaba mucho una vía, tanto si era de tren, como de metro o de tranvía. No obstante, por los tranvías hay especial predilección en esta nuestra comunidad. Algunos están en funcionamiento, como el de Sevilla, con sus más y sus menos. Pero otros, como el de Alcalá de Guadaíra, han pasado a ser un engorro, porque las previsiones no son las que eran, ni el servicio se parecería a lo previsto.

En aquellos tiempos de la Segunda Modernización se suponía que de Sevilla hasta Alcalá no quedaría ni un palmo de terreno desaprovechado. Viviendas por aquí y por allí, parques tecnológicos y empresariales, edificios de oficinas, viveros de empresas que florecerían en primavera… Pero ahora resulta que había dos paradas de tranvía en el Parque Tecnológico, otra en Cabeza Hermosa (un polígono industrial ocupado en menos de la mitad de su capacidad, aunque hay un Eroski) y una más en las viviendas previstas en Nuevo Zacatín. Y que ya no existen esas necesidades tan acuciantes, a la vista de lo que se ve.

En aquellos tiempos se vivía de ficciones y fantasmagorías. Los gurús y los falsos profetas miraron unas bolitas mágicas que les salieron ranas. Lo que hay entre Sevilla y Alcalá no es lo imaginado. El empleo ha disminuido, las necesidades de transporte son inferiores. Y las obras están sin terminar, pero empezadas. De manera que si se acaban será malo, porque obliga a un gasto sin expectativas de rentabilidad. Pero si no se inaugura ese tranvía será peor, porque en las obras de infraestructura han gastado 80 millones de euros. Y hacen falta 90 millones más para que funcione.

En aquellos tiempos nadie sabía que en las décadas siguientes los tomarían por locos. Soñaron con una Sevilla moderna e imparable. Después algunos sueños felices se han convertido en pesadilla.

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