hoja de ruta

Ignacio Martínez

El imperio macedonio

PUSIERON ayer tarde en la televisión la película sobre Alejandro Magno de Oliver Stone. El jefe del gran imperio macedonio, exhausto al final del camino, sólo veía complots por todas partes. Y los resolvía por la tremenda: se llevaba por delante a amigos de toda la vida. Aunque, eso sí, con remordimientos. Ignoro el estado de ánimo del señor Griñán en el día de hoy. Pero el jefe de las agotadas huestes socialistas andaluzas no sale de un charco más que para meterse en otro. Ayer quisieron los suyos doblarle de nuevo la mano al secretario de su partido en Sevilla, que dimitió. Lo forzaron con más éxito en vísperas del congreso del PSOE, en la fase aquella de una parte de neutralidad y nueve de activismo a favor de Chacón, cuando hubo que elegir a los delegados sevillanos.

Perdedor del congreso de su partido hace una semana, él y su guardia pretoriana han sido señalados por toda la prensa nacional. Mi colega Enric Juliana escribió en La Vanguardia que había sido uno de los grandes perdedores del congreso: Griñán y su Joven Guardia Roja (Susana Díaz, Mario Jiménez...) han conseguido poner en pie a todos los clásicos del PSOE andaluz, desde Alfonso Guerra hasta Rodríguez de la Borbolla. Los killers de las Juventudes Socialistas de Andalucía han sido el peor aliado de Chacón. Textual.

Pero el nuevo asalto de los killers ha salido mal. Ha sido catastrófico. A estas alturas hay quien sostiene, con los estatutos en la mano, que la lista votada en Sevilla de candidatos al Parlamento andaluz encabezada por Griñán no es legal. Un desgaste innecesario, como gratuitas fueron sus maniobras a favor de Chacón, que habría sido una acompañante en las elecciones muy vulnerable a las críticas de PP e IU por su reclamación en 2008 de un sistema fiscal para Cataluña como el concierto vasco. Una de dos: o este hombre no está rodeado de buenos consejeros o no les hace caso alguno. El resultado es el mismo, un desastre.

Está muy bien presumir de lo democráticos que son los procesos de elección en la familia socialista. Es justo que hagan alarde, frente a otros procedimientos más dedocráticos. Aunque el propio Griñán no esté libre del estigma de la cooptación. Pero una vez terminados esos congresos competitivos, hay que declinar menos el verbo unir y practicar más el concepto. El PSOE llega a la campaña electoral agotado por el desgaste de 30 años de ejercicio continuado del poder en Andalucía, dividido y enfrentado. Y además, sin liderazgo alguno. Entre la joven guardia roja ya hay quien echa cuentas de cómo quedarse con el control del partido tras la derrota del 25 de marzo. Sin Griñán, claro. Es lo malo de los killers; una vez que empiezan, no hay quien los pare.

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