Editorial

La importancia de un pacto a la baja

TAL vez el valor más sustancial del convenio firmado por 187 países en la Conferencia sobre el Cambio Climático celebrada en Bali no sea el pacto en sí, sino la presencia entre sus firmantes de Estados Unidos. El acuerdo de mínimos alcanzado ayer, in extremis, permite salvar las graves diferencias de criterio mantenidas entre los delegados europeos y los representantes del Gobierno norteamericano y deja la puerta abierta a que, en 2009, se firme en Copenhague un convenio global que sustituya al Protocolo de Kioto y sea más ambicioso en sus planteamientos. La hoja de ruta acordada advierte de la necesidad de que las naciones ricas financien a los países pobres y en vías de desarrollo a la hora de afrontar los efectos negativos del cambio climático y reconoce la "necesidad urgente" de actuar para reducir las emisiones de carbono provenientes de la deforestación. Pero más importante que todo esto es el hecho de que incluya el reconocimiento de la Administración Bush de la importancia de que se reduzca la emisión de gases contaminantes de los países industrializados entre un 25 y un 40 por ciento, respecto a los niveles de 1990, en 2020. Estados Unidos no fija un objetivo concreto de reducción de emisiones, pero al menos sí que acepta los criterios defendidos por el Panel del Cambio Climático de la ONU y, en consecuencia, se compromete de verdad a adoptar una actitud combativa contra los efectos más cruentos del cambio climático. Ahora bien, el acuerdo de Bali, como indicaban ayer tarde algunos dirigentes, no implica el final de ningún camino, sino más bien el inicio de otro bien distinto. Esta hoja de ruta demuestra que, con flexibilidad, casi todos los países del mundo pueden llegar a compartir criterios de actuación frente al mayor problema al que se enfrenta el planeta en las próximas décadas. Pero está por ver que este acuerdo pueda materializarse con éxito de aquí a 2009, fecha en la que habrán de concretarse los objetivos. Se necesitarán muchas horas más de ingeniería diplomática para cuadrar los intereses de tantos actores implicados en una negociación que se presume tan tortuosa como la escenificada en Bali estas dos últimas semanas.

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