Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

El incierto futuro

LA vida, pensaban los sabios griegos, es una tragedia. Desde que vemos la luz por vez primera, hasta el momento en el que todo se vuelve oscuridad, creemos que manejamos los hilos de nuestro futuro sin ser del todo conscientes de que, al final, no dejamos de ser marionetas del destino. A propósito, si creen en la numerología -ya que estamos en un tono tan astral, filosófico y mágico-, les diré que, el 2008, será un buen año pues, la suma de los números que componen esta cifra da uno como resultado y, éste precisamente, es el de las etapas que comienzan, el de las cosas nuevas que vendrán a arreglar los desastres del 2007 (que fue más apropiado para cerrar ciclos).

Dicho lo dicho, nos queda fijarnos en alguien que pudiera testimoniar este discurso. Una mujer, por ejemplo, como Raquel Rodríguez, Miss España 1994, que comienza a plantearse qué será de ella después de su separación de Gorka Arrinda, padre de sus tres hijos y compañero suyo desde hace casi -lagarto, lagarto- trece años. La cordobesa, que estrena una casa maravillosa en Madrid, ha visto, de la noche a la mañana, cómo sus confesadas esperanzas de reconciliación se han frustrado a raíz de unas fotografías que relacionaban a su marido con otra persona. Serena, centrada en sacar adelante a su familia, la modelo acaba de colaborar con Petro Valverde en una retrospectiva, si bien considera que ése no es su próximo camino. "Me gustaría estar detrás de las cámaras y colaborar en una revista de decoración o moda. No tiene por qué ser algo cara al público y, de hecho, tampoco me apetece demasiado".

Quede claro que, esta mujer, que jamás ha mercadeado con su privacidad, no lo hará tampoco ahora y que, por tanto, no la veremos en ningún plató aireando su privacidad. "Siempre he respetado y he recibido lo mismo y de veras que se agradece". Momento de la despedida. De un adiós sin, todavía, esperanza para un nuevo amor. "Mis niños ocupan mi corazón", me comenta. Y yo, creyéndome en plena Hélade, respondo: "Carpe diem, carpe horam".

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