Crónica personal

Pilar Cernuda

Un inciso

PERMITAN un inciso, dejemos la política por una vez a pesar de las turbulencias que obligan a pensar en lo político y en los políticos, y dediquemos un minuto a un asunto social que a todos afecta. Y no precisamente para bien: la miseria de la lucha por las audiencias en las televisiones.

Días atrás, la televisión pública dio ejemplo de lo que no debe ser nunca un medio de comunicación público y permitió que un personaje de escasa monta, de ninguna, que responde al nombre de John Cobra, hiciera un alarde de mal gusto, provocación, ordinariez y falta de respeto al público con la excusa de que participaba en un concurso para elegir al candidato español en Eurovisión. El candidato a representar a España en Eurovisión, que ya podía tener cuidado la pública en ese asunto, porque si se trata de representar a nuestro país qué menos que elegir a alguien que nos haga sentirnos orgullosos, y no que nos obligue a meternos debajo de la cama, avergonzados, de que el mundo mundial considere que ése, ésa o eso que se sube al escenario tiene el respaldo de España y de los españoles. El individuo, el llamado John Cobra, encima cobró sus muy buenos duros por participar en el concurso, algo así como cinco millones de las antiguas pesetas, lo que no está nada mal.

Pero lo peor es que, precisamente por su ordinariez, su provocación, su pésima educación, su actitud insultante y su falta de respeto, una privada se ha fijado en él para contratarlo de forma inmediata. Por una cantidad probablemente superior a la que le pagó la pública, con lo que al supuesto cantante le han puesto en casa: directamente a la fama y con los bolsillos bien cargados de euros. Y encima le saldrán galas a las que acudirán multitudes para ver cómo les insulta, y además grabará un disco, presumiblemente soez, y probablemente saldrá en nuevos programas de televisión. Siempre haciendo honor a su nombre, John Cobra. Es decir, cobrando. Y mucho.

Hay veces en las que algunos empresarios de este país nuestro no nos dan más que disgustos. Hay veces en las que nos llenan de rubor personalidades con mando en plaza en sectores a los que la sociedad es especialmente sensible, porque inciden directamente en su formación y en su educación.

Últimamente está de modo poner en solfa a los políticos, y algunas razones hay para llenarlos de críticas. Pero no sólo la clase política está en declive por la actitud de algunos de sus representantes. Mal que nos pese a los periodistas, algunos responsables de los medios no dan la talla. Y su afán de conseguir audiencia sin importar el método, nos llena de estupor y de tristeza, porque ensucian esta noble profesión.

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