coge el dinero y corre

Fede Durán /

Al infierno, cogiditos de la mano

LIBRA por libra, que es como se comparan en boxeo los púgiles de distintas categorías, 2012 será peor que el año que cierra. Habrá más paro; el PIB se contraerá; las masas laborales, los estudiantes y los parados perderán poder adquisitivo tras la congelación del SMI y del Iprem; el consumo seguirá bajo mínimos y el crédito será como el retrato de aquel tatarabuelo con trabuco y a caballo: remoto, casi irreal.

Pero repitamos el estribillo zen: toda crisis es una oportunidad. Los emprendedores españoles se han habituado a intentarlo sin más sostén que el suyo propio. El regazo estatal de la subvención, tan común hasta hace tres telediarios, se ha jibarizado tanto que parece, por recurrir a una metáfora escatológica, apenas una mierda de perro.

Además, está el factor Rajoy, que asegura cuando menos la supresión de esa cultura improvisadora y paternalista (son los padres los que compran chucherías a sus niños) tan propia de Zapatero antes y durante buena parte de esta masacre económica. El presidente ha prometido asimismo estímulos para los valientes (los que montan su negocio pero también quienes ya lo tienen y contratan) y -esto no lo prometió, pero queda felizmente añadido por sentido común- una reorientación del gasto público hacia sectores donde los millones tengan extensos efectos colaterales en forma de puestos de trabajo y generación de riqueza.

Y está el factor Europa, tan irrelevante hasta ahora que sólo puede mejorar. Instrumentos hay para acolchar la caída de los ángeles menos alados: contaremos en breve con dos fondos -el FEEF y el MEDE-, con la inyección aprobada al FMI para que haga una mínima parte de lo que en realidad tendría que asumir el BCE, y al propio organismo de Draghi, que insiste en su ridícula vocación de segurata de la inflación pero alivia el prurito de las primas de riesgo con sus compras en los mercados de deuda secundaria.

2012 podría ser cadalso, rendición y demencia o esperanza, fiera reacción y catarsis nacional. Podría ser también, sin más, otra cifra menor en el global de una crisis que nadie sabe bien cuándo se apagará. Un descenso infernal continuado no estaría tan mal si existiera el consuelo de una redistribución de la pobreza, si todo el país bajase el mismo peldaño (ahí sería crucial la mano fiscal del Ejecutivo con, por ejemplo, las sicav). No da esa impresión. Bert Cooper se lo advertía a Don Draper en Mad Men: "los asuntos del planeta los manejan cuatro familias". Las que nunca pierden. Lo mismo opinaba John Perkins, por citar a un ex miembro real del rodillo del poder. Bien, pues cada país dispone a pequeña escala de sus cuatro o cinco familias. Y España no es una excepción.

Llámenme envidioso, pero yo quiero ver que ellos caen con nosotros, que se ajustan el cinturón, que dan ejemplo. Sí, como el Rey. Aunque sólo lea la letra grande de su pequeña (y magnificada) disculpa.

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