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jorge

La instrucción personalísima pasará a la historia

muñoz

LAS instrucciones personalísimas como la que desde hace más de tres años lleva a cabo la juez Mercedes Alaya tienen los días contados. La reforma anunciada por Gallardón acabará con este tipo de situaciones, pero lo hará en el futuro, una vez que entre en vigor la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

La juez Alaya, la incansable, puede, por tanto, estar tranquila de que nadie le va a obligar a compartir sus preciadas macrocausas. Alaya, al igual que Gollum, el personaje mítico de la Tierra Media, podrá seguir presumiendo y manteniendo a buen recaudo su tesoro, la instrucción más preciada y que tantos quebraderos de cabeza ha dado en los últimos años a los responsables del Gobierno andaluz. En principio, plantea muchas dudas que la reforma de la ley orgánica del Poder Judicial tenga efectos retroactivos en este sentido, ya que así lo descartan los principios generales de las normas procesales.

Pero aunque Alaya pueda seguir manteniendo su personalísima instrucción en el caso de los ERE, en la que no cabe duda que la magistrada ha derrochado un gran esfuerzo personal y familiar, lo que la reforma de Gallardón evita es que en el futuro puedan producirse situaciones similares. La lógica es aplastante, también aplicada al ámbito de la Justicia. No es lo mismo que un único magistrado tenga que investigar un macroproceso como el de los ERE, en el que hay hasta la fecha 151 imputados y un sumario que supera los 60.000 folios, a que lo haga un órgano colegiado, compuesto por tres jueces o magistrados.

Esto es precisamente lo que en su día llegó a ofrecer el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), Lorenzo del Río, a la juez Mercedes Alaya, cuando le propuso que contara con dos jueces de refuerzo a su regreso de la baja por enfermedad, pero que Alaya rechazó de plano, negándose a compartir y/o ceder algunas de las macrocausas que investiga.

Gallardón pretende agilizar los procesos -Alaya ha tardado hasta tres años en citar a declarar a algunos de los imputados- y diluir la presión sobre el juez único, favoreciendo la "corresponsabilidad". Se trata sin duda de fines loables, pero como ya han apuntado algunos jueces de la Audiencia Nacional escépticos con la reforma, el riesgo está en que se pase de tener unos cuantos jueces estrella a tener "toda una galaxia".

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