La esquina

La izquierda maltratada

EL coordinador dimisionario de Izquierda Unida, el doctor Gaspar Llamazares (pronto tendrá que ejercer su profesión de médico), dice que a pesar de la dimisión piensa permanecer en su escaño de diputado "por respeto a los electores que me han votado". Hermoso argumento, al que no harán caso sus enemigos dentro de IU, que en cuanto le pongan un sustituto en la coalición le arrebatarán también el cargo público. Al tiempo.

¿Respeto a los electores? ¿Hay alguien que respete a los electores para algo que no sea halagarles los oídos y pedirles el voto cada cuatro años? El propio sistema le ha perdido por completo el respeto al electorado, y el ejemplo más dramático lo sufre precisamente Izquierda Unida: los 963.000 votos que consiguió el 9 de marzo le han proporcionado dos escaños en el Congreso, mientras que los 303.000 del PNV -menos de la tercera parte- le han servido para sacar seis diputados. La asimetría es llamativa. Con tres veces menos votos PNV que IU, tres veces más escaños. A IU le cuesta sentar a uno de los suyos en el Parlamento siete veces más votos que al PSOE o al PP. A perro flaco todo son pulgas, pero estas pulgas han nacido de la voluntad de los partidos que mantienen en pie una ley electoral injusta. A los electores de IU, que tanto mérito democrático acumulan, no se les profesa respeto alguno.

Hay otra irrespetuosidad de los partidos con los votantes, con todos: las listas cerradas y bloqueadas que obligan al elector a dar un cheque en blanco a todos los candidatos de un partido, así a los capaces como a los petardos. El voto plural del que escribía días atrás el abajo firmante Ignacio Martínez -posible en el Senado y cuando coinciden elecciones generales y autonómicas- tendría que ser lo normal. Claro que las listas abiertas harían perder poder a los aparatos partidistas e impulsaría a los diputados a trabajarse su escaño y dar cuentas de su gestión a los ciudadanos en vez de calentar el sillón y votar lo que les ordenen sus jefes, que es lo que hacen ahora la mayoría. Se deben más a quien los mete en la lista que a quienes los votan como miembros de ella.

El desmesurado poder que ejercen los partidos nacionalistas en la política española no procede directamente de la normativa electoral, que no les beneficia mucho a ellos en cuanto a la asignación de escaños, sino del efecto nefasto que produce en partidos nacionales minoritarios, como la mencionada IU y el pequeño grupo de Rosa Díez. Si no se les birlaran legalmente los escaños que les corresponden según los votos logrados en las urnas podrían jugar el papel de bisagras que ahora juegan -en beneficio de sus territorios-, los nacionalistas, pero defendiendo el interés general y mostrando su vocación nacional, española. Como PSOE y PP.

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