En tránsito

eduardo / jordá

L a izquierda miope

ESPAÑA es un país muy extraño. En los países latinoamericanos donde gobierna la izquierda sería impensable que se defendiera el derecho de una región rica a separarse del resto del país con el argumento de que "Venezuela nos roba" o "Ecuador nos roba". Y ya he contado aquí que en la Bolivia de Evo Morales toda la izquierda se movilizó contra el proyecto de la región más rica del país -Santa Cruz- de administrar "por separado" los beneficios de sus grandes yacimientos de gas. Y en Argentina sería prácticamente imposible que sor Lucía Caram o el aguerrido profesor Pisarello, que defienden en Cataluña el soberano derecho a decidir, defendieran en la televisión o en la universidad pública que las Malvinas -o mejor dicho, las islas Falklands- tienen todo el derecho del mundo a ejercer su soberanía y por tanto a mantenerse independientes de la nación argentina. Y si lo hicieran, no tardarían en sufrir escraches y persecuciones y tamborradas de protesta frente a sus casas que les obligarían a huir de su país. Pero aquí, entre nosotros, la monja Caram y el profesor Pisarello se empeñan en demostrarnos que existe el derecho a decidir en Cataluña y que es posible iniciar un proceso constituyente que lo garantice. ¿Por qué? Muy sencillo, porque España es un país muy raro. O muy tonto, quién sabe.

Y en este sentido, es asombroso que Pablo Iglesias proponga un modelo constitucional en el que todas las regiones españolas puedan tener soberanía propia y por tanto derecho a independizarse. ¿Ésta es la izquierda lúcida que va a librarnos de los ogros neoliberales? Pues si es así, estamos aviados. Yo no sé si Pablo Iglesias se da cuenta de la contradicción que supone reivindicar la soberanía nacional para España, frente a la cruel tecnocracia de Bruselas, y al mismo tiempo renunciar a ella en favor de las distintas soberanías autonómicas, que pueden ser igual de crueles e igual de egoístas. ¿Y no se imagina Pablo Iglesias lo que significaría el derecho a decidir en un país controlado por los reyezuelos locales y sus insaciables clientelas políticas? Porque es fácil imaginar que cualquier cacique autonómico amenazaría con ejercer su soberano derecho a la independencia si cualquier decisión judicial o administrativa le pareciera injusta o perjudicial para sus intereses. ¿Cómo es posible que nuestra izquierda más supuestamente cool sea tan ciega y tan ingenua? Muy sencillo: vivimos en ese extraño país llamado España. Y aquí todo es posible.

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