La esquina

José Aguilar / Jaguilar@grupojoly.com

La izquierda puede esperar

DECÍAMOS ayer: en épocas preelectorales, los partidos políticos se afanan en moderarse, a la búsqueda del voto de los indecisos que huyen de la estridencia y el radicalismo. Al PP le cuesta un mundo convencer a los electores de la sinceridad de su viaje al centro; el PSOE se pone tan centrista que cuesta otro mundo reconocer su discurso socialdemócrata.

Le faltó tiempo a la cúpula socialista para desmentir que vaya a incluir en su programa electoral el llamado céntimo ecológico , un impuesto sobre el consumo de combustibles con destino a las políticas medioambientales. A quién se le ocurre anunciar más impuestos a cien días de unas elecciones, cuando se impone prometer bajadas de impuestos, aunque luego no se hagan. Bueno, se le ocurrió al grupo de trabajo del PSOE sobre medio ambiente, pero fue rápidamente desautorizado por la Ejecutiva. Cualquier forma de ecotasa queda aparcada.

No es lo único. Las periódicas amenazas de medios gubernamentales de responder a la hostilidad de la jerarquía católica revisando el acuerdo Iglesia-Estado firmado en 1979 -tan beneficioso para la primera de las dos partes contratantes- no han pasado del amago. Antes al contrario, la legislatura de Zapatero concluye con la decisión del Gobierno de aumentar desde el 0,52% al 0,70% la cuota del IRPF dedicada al sostenimiento de la Iglesia -poco entusiasta del compromiso de autofinanciarse- y con reiterados gestos de trato exquisito hacia los obispos, sus ceremonias y sus obsesiones.

Como las relacionadas con la moral. En su programa de 2004, el Partido Socialista prometió reformar la legislación sobre el aborto -interrupción voluntaria del embarazo, en expresión más digerible- para adoptar un sistema de plazos, que otorga todo el poder de decisión a la mujer embarazada, siempre que lo haga dentro de un período determinado. Tito ZP vino luego con las rebajas y aclaró que no era un asunto prioritario. Era tan poco prioritario que cuatro años después ha decidido no incluirlo, ni como promesa a incumplir, en el programa de 2008. Otro compromiso era comenzar el debate sobre el derecho a una muerte digna (eutanasia). Siete veces ha votado el Partido Socialista en contra de debatir sobre esa promesa electoral suya.

Para que nadie se llame a engaño, y para no disgustar a la Iglesia católica, el PSOE guardará al fin en el cajón estas iniciativas ante la cita del 9 de marzo. Defraudará las esperanzas de sus votantes más a la izquierda, en la esperanza de no defraudar a los electores centristas, que son más numerosos y, sobre todo, que están más disputados por el gran adversario electoral. Hay que ser miope para acusar de radicalismo y anticlericalismo a un partido así.

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