palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Los cuatro jinetes

EL día final de año, mientras los españoles tratábamos de asimilar el nuevo Orden Tributario Mariano y calculábamos los efectos individuales de los recortes anunciados por los cuatro jinetes del PP (de izquierda a derecha, De Guindos, Soraya Sáenz de Santamaría, Montoro y Fátima Báñez) el BOE daba cuenta de la adquisición por cerca de millón y medio de euros de material antidisturbios para la Guardia Civil. En concreto, el boletín informaba, con esa inquietante jerga que transforma la intimidación en jerigonza, una inversión de un millón de euros en "artificios lacrimógenos" y otra adicional, de 416.000, en "artificios fumígenos". Yo no sé si un millón y medio de euros en artefactos para reprimir revueltas es mucho o poco. Tampoco sé si el gasto para proveer a los guardias para el año 2012 es superior o inferior que el de años anteriores. Es de suponer que el encargo fue del PSOE. En cualquier caso intranquiliza la coincidencia temporal (sólo coincidencia, repito) entre el primer tijeretazo tranquilo de Rajoy (el jueves, más) y la adquisición de material para hacer frente a las protestas.

Digo que no sé si un millón y medio de euros para prevenir los alborotos es mucho o poco porque tampoco soy capaz de adivinar cómo reaccionarán los españoles ante el primero, el segundo y quizá el tercer recorte. Por lo que he podido comprobar, los votantes del PP están contentísimos con que se congele el salario mínimo y el sueldo a los funcionarios; que se reduzca el poder adquisitivo a la mitad de los jubilados; con el aumento a traición del IRPF bajo el estúpido título de "recargo temporal de solidaridad" que une a la veleidad del asalto el agravante de la tomadura de pelo, o con que se incentive la compraventa de viviendas con el objetivo de inflar la burbuja.

No sé qué clase de humor hay que practicar para que tales rebajas (unas esperadas, otras imprevistas) produzcan un inaudito sentimiento de dicha y conformidad. Pero sea cual sea, estamos en ello. Supongo que sobre el papel, el Orden Tributario Mariano parece incluso indoloro, pero bastará con que se aplique con la contundencia de cien latigazos para que la línea de la sonrisa se transforme en una ondulación convulsa. Si no es así habrá que proclamar que estamos rodeados de gentes de otro planeta.

Porque lo peor no son los puntazos de los recortes, no, lo peor es que no hay indicios de un plan coherente por parte del PP contra el déficit: sólo ese peligroso cabeceo de un toro recién salido de corrales que por salvar el déficit público y contener la prima de riesgo amenaza con acabar con el consumo, penalizar a la atribulada clase media, cargarse la investigación, maquillar la sanidad pública y una serie de calamidades aún por desvelar.

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