Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

A lascas

MIENTRAS Betty Missiego se arremolinaba de mocosos en torno a su etérea túnica, la mejicana Olvido practicaba la lluvia dorada a las órdenes de Pedro Almodóvar, en las antípodas del algodón dulce del Eurovisión más campaniforme, durante los límites setenteros. Al cabo de los decenios se han reunido en un vértice la cantante de Fangoria, más convencional y menos meona, y el evolucionado festival, menos previsible y más diurético, que interesa con gula patriótica en los confines de lo que fue la Europa leninista. Jo, cómo ha cambiado el cuento admite en su camerino Alaska mientras se da un brochazo.

El otro sábado regresaban las galas de Eurovisión. La poca audiencia que siguió la prolongada semifinal, renqueante para que la gente apurara el sueldo en sms, vivió unos cuantos momentos imborrables: el jetazo del aspirante a jurado, las patéticas coreografías, la granja de gallos, las languideces de Olvido, Uribarri botoxeado y el fallo en el micrófono de la favorita, y a la postre ganadora de esta primera noche, Melody. Por el camino la cantante se ha quedado sin acompañantes en top less, Los Vivancos, mosqueados (¿asqueados?) con las precariedades a las que se vieron sometidos. Eso dicen. Lo mejor, el esfuerzo por tener una puesta en escena más espectacular, con inspiración Gestmusic style.

Anoche tocaba otra semifinal y los de TVE estarán deseando que este tormento musical acabe pronto. Al final va a resultar que la salvación de Eurovisión el pasado año se debía sólo a la carajotá de Chikilicuatre. En esta edición no existe mucho interés por ver quién se pegará el tortazo en Moscú. El asunto se dilucida entre un puñado de incondicionales, tan heterodoxos como los fans de Muchachada Nui, que han regresado atinados. Frikiposmodernismo puro.

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