La ciudad y los días

carlos / colón

El lastre

EL PP tiene que librarse de quienes dan la razón a sus peores enemigos, convirtiéndose en una caricatura del partido. Es cierto que todas las formaciones, hasta las más jovencitas y arrogantes, encubren o justifican los errores o delitos de los suyos; y cuando la evidencia es incontestable les quitan importancia como un caso aislado que no mancha a todo el partido. Ejemplo reciente es el caso de Guillermo Zapata: con independencia de la resolución del juez Pedraz, Manuela Carmena debía haberlo puesto de patitas en la calle porque en lo público hay responsabilidades éticas que deben tener consecuencias políticas. En lugar de eso se le ha disculpado, arropado y presentado como una víctima. En política la mujer del César no sólo deber ser honrada, sino parecerlo. Pero si además de no parecerlo se comporta como Mesalina, las cosas se ponen feas en el Palatino.

Es lo que ha pasado en el Palatino granadino al que el PP se aferra con uñas y dientes. En las últimas elecciones sacó 39.063 votos y 11 concejales mientras que en las anteriores obtuvo 60.519 y 16. Ha conservado el Ayuntamiento en minoría con el apoyo agónico de Ciudadanos. Y en esta situación el alcalde no tiene mejor ocurrencia, ni más idóneo marco para hacerlo que la entrega de diplomas a los diez estudiantes con mejores resultados en selectividad, que largar eso de que "las mujeres cuanto más desnudas, más elegantes y los hombres, cuanto más vestidos, más elegantes". Con lo que el PP vuelve a dar la imagen de la España de Pajares y Esteso. Para colmo el buen señor no ha tenido más ocurrencia que justificarse diciendo: "Pido disculpas por mis palabras que, siendo desafortunadas, sólo buscaban apelar a la necesidad de usar un atuendo adecuado para el contexto de la ola de calor que estamos viviendo en toda España y especialmente en Granada".

Es cierto que en esta sociedad neohipócrita de la corrección política se aplaude como el colmo de la elegancia que muchas famosas se paseen casi en cueros en las alfombras rojas. Carolina Herrera ha protestado diciendo: "Algunos diseñadores piensan: es muy moderno estar desnudo o casi desnudo… Se supone que son iconos de moda y no llevan absolutamente nada". Pero lo importante no es que sea o no cierta esta identificación entre elegancia y desnudez sino la inoportunidad del comentario en un acto de carácter académico; y su regusto ranciamente machista en boca, no de una diseñadora, sino de un alcalde.

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