La crónica económica

Joaquín / Aurioles

El lenguaje de la economía

LA economía ha llegado tarde, pero lo ha hecho con fuerza y con un léxico tan extraordinariamente atractivo que bien administrado puede ser capaz de seducir hasta a los más timoratos. Pensemos en el misterio que envuelve a la "sociedad anónima", como hace medio siglo reconocía José Mª Valverde en El arte del artículo, o en la invitación a mantener las distancias que se desprende de la expresión "sociedad limitada", por no hablar del atractivo que para los intrépidos ofrece una determinada combinación de rentabilidad y riesgo en el mercado de capitales.

Pero sobre todo está el morbo de la dificultad que tienen los ciudadanos normales para encajar en sus conversaciones cotidianas las metáforas, abreviaturas y siglas que el vértigo de los acontecimientos obliga a los economistas a introducir permanentemente y casi sin explicaciones. Nos hemos acostumbrado a expresiones como el aterrizaje suave de la economía, la deuda histórica o la burbuja inmobiliaria para referirnos a situaciones que nos costaría trabajo describir con precisión. Y es que la metáfora tiene la virtud de facilitar la interpretación de fenómenos complejos en términos de otros más familiares y cercanos.

En economía es frecuente recurrir a expresiones propias de la medicina y hacemos diagnósticos y prescripciones, recetas de política económica, o nos contagiamos las crisis, quizás por entender que nos esforzamos más por entender la realidad cuando nos encontramos ante un enfermo. En estos momentos la aparición de la enfermedad coincide con la proximidad de las elecciones, lo que anuncia guerra de datos y siglas que no todo el mundo entiende con precisión y que permite a los políticos acosar al ciudadano bienintencionado acosarlo con mensajes indescifrables y contradictorios. Durante las pasadas elecciones el tema de moda fue la estabilidad presupuestaria, que realmente era una especie de expresión abreviada en la que se mezclaban dos conceptos distintos: la estabilidad económica, es decir la inflación controlada, y el equilibrio presupuestario. Es lo mismo que ocurría en los años 70 con la estanflación, que se utilizaba para referirse a la combinación de estancamiento con inflación que se produjo por aquella época y que ahora amenaza con reaparecer, aunque la palabra de moda es subprime, sobre la que es mejor no preguntar demasiado, dado que todo el mundo tiene una idea imprecisa sobre su significado, pero suficiente para entender que se encuentra en el origen de los problemas económicos actuales y que los derivados financieros, esto ya es más difícil de manejar, se han encargado de propagar sus consecuencias por todo el mundo. En este orden cosas, los ciudadanos se preguntan por la capacidad de la economía para resistir estos problemas, a la que en el mundo anglosajón se refiere con la expresión resilience, que amenaza con traducirse al español como resiliencia. A lo mejor entender todo esto no es más que un problema de tiempo. A fin de cuentas, "aprendimos a volar mucho antes de descubrir la inflación" y es evidente que en estos momentos viajar en avión es bastante seguro.

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