La tribuna

José María Bedoya

Una ley bienvenida

UNO de los aspectos más novedosos del proyecto aprobado por el Consejo de Ministros es que la salud sexual adquiere rango de ley dentro una Ley de Salud Sexual y Reproductiva. En el título primero se refiere textualmente a la necesidad de "la incorporación de la formación en salud sexual y reproductiva al sistema educativo".

En relación con las actividades formativas, "los poderes públicos apoyarán a la comunidad educativa en la realización de actividades formativas relacionadas con la educación sexual, la prevención de infecciones de transmisión sexual y los embarazos no planificados…". Es la primera vez que una ley obligará a los poderes públicos a promover el acceso universal a la educación y formación sexual (no basta con la información).

El proyecto de ley se aprobó el mismo día en que se presentó en Sevilla el informe elaborado por el Grupo Universitario de Investigación Social de la Escuela Universitaria de Jerez con las encuestas realizadas a 2.225 a alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), de entre 12 y 15 años, de las ocho provincias andaluzas. El informe, dirigido por José Rodríguez Carrión, pone de manifiesto que el 57,4 por ciento de los alumnos han tenido relaciones coitales y el 40,3% no han recibido educación sexual. A raíz de este informe, habría que preguntar a los padres si saben que sus hijos e hijas mantienen relaciones sexuales con su consentimiento y ellos les han informado de todo lo relacionado con el sexo.

Según mi experiencia, la educación que los alumnos reciben depende mucho del centro educativo de donde proceden. Los que proceden de centros públicos refieren que su educación se la impartieron educadores sexuales, sexólogos o sanitarios, algunas veces de forma continua e integrada en el resto de la educación y la mayoría en forma de charlas impartidas por alguna persona o profesional ajeno al centro. Los que proceden de centros privados o concertados, salvo excepciones, refieren que lo poco que les hablaron sobre temas relacionados con la sexualidad fue en algunas charlas que les dio el profesor encargado de la Biología, siguiendo siempre el ideario del centro.

Cuando en sucesivos años les pregunto a los alumnos universitarios acerca de cómo fue su educación sexual en su infancia y adolescencia, todos vuelven a decir que fue a través de amigos y amigas, libros y revistas, películas y recientemente internet, algunas alumnas la reciben de su madre y muy pocos alumnos/as por parte de su padre. Los que estudiaron en centro públicos recibieron alguna información, sobre todo de anatomía y fisiología, métodos anticonceptivos, enfermedades de transmisión sexual y embarazo. Los que estudiaron en pentros privados, poca o ninguna.

En general se les habla poco, tanto en los centros públicos como los privados, de las relaciones afectivo-sexuales y de todo aquello que implique afecto, deseo, erotismo, juego, placer, ternura, intimidad, conocimiento del cuerpo del otro y de uno mismo, amistad, empatía, afinidad, respeto a los deseos de la pareja y tantos otros aspectos que enriquecen la sexualidad más allá de la pura mecánica del sexo.

Estos puntos de vista, entre otros, son los que la Iglesia católica no acepta, aferrada al "desprecio a la carne" y al sexo puramente reproductivo. En relación con la reproducción, por ejemplo, la Ciencia actual considera que la investigación en "células madre" embrionarias, igual que en otro tipo de células, debe continuar para conocer la posibilidad de su utilización en el tratamiento de numerosas enfermedades. La Iglesia no lo acepta, aunque la sociedad civil sí ha aceptado desde hace casi treinta años que la fertilización in vitro (FIV) de varios óvulos, fuera del cuerpo materno, produce numerosos embriones, algunos de los cuales morirán y otros no serán nunca implantados pero, con el permiso de los padres, podrán usarse para la investigación. No tiene ningún problema en aceptarlo, porque gracias a la FIV muchas parejas sin hijos hoy son felices, porque han conseguido tener uno o varios, han contribuido al desarrollo de la ciencia o han permitido curar a otro hijo enfermo.

Gracias a las leyes democráticas y a los principios éticos que entre todos hemos consensuado, hoy es posible la FIV y es posible el aborto. Son leyes que no penalizan ni obligan a nadie, sino que despenalizan y permiten lo que antes estaba prohibido. Los creyentes podrán no necesitar esas leyes, pero deberán respetar a los que no tienen convicciones religiosas o piensan de otra forma. En eso reside la libertad.

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