palabra en el tiempo

Alejandro V. García

La ley de la concordancia

NI si apelamos a la ley de la concordancia, las 19.000 personas que se manifestaron el domingo en Madrid contra el Gobierno con el pretexto de ETA y las candidaturas fantasmas de la izquierda abertzale debieron incluir en sus consigna alguna referente a la ausencia de Rajoy. No se entiende que el aspirante a suceder a Zapatero escurriera el bulto como lo hizo y dejara a los suyos compuestos (abanderados quiero decir) y sin novio. Gente tan implacable como la que recorrió el domingo las calles madrileñas debería en aras de la coherencia pedir explicaciones al pretendiente. Yo, incluso, me atrevo a sugerir un ripio para que la multitud los coree la próxima vez: "Aquí no se ve hoy / la cara de Rajoy". En el fondo, más que de coherencia, la presencia de Rajoy en la manifestación era una cuestión de coraje consigo mismo.

Del mismo modo, si la dirección del PP comparte las acusaciones vertidas contra el PSOE y las insinuaciones de colaboracionismo con los terroristas lo que debería hacer (también por coraje y dignidad) es romper el pacto antiterrorista. No se entiende que Rajoy mantenga el frente común contra ETA y al mismo tiempo culpe a su socio de complicidad en un caso, el Faisán, que se ha convertido en el compendio de la lucha antiterrorista según la procaz interpretación de la derecha española. Mantener el pacto antiterrorista pese a las presuntas evidencias que tiene el PP de los contubernios entre socialistas y ETA es un sinsentido. O la prueba de que todas esas alharacas no son manifestaciones sinceras contra las posiciones antiterroristas, sino estratagemas para contentar a un sector del partido y, de camino, que tenga un pretexto para orear las banderas y dar los gritos de rigor.

Y si las asociaciones de víctimas del terrorismo que convocaron la marcha quisieran ser coherentes con sus postulados, y no quedar en el triste papel de paniaguados del PP, el mismo domingo debieron salir a la calle o al menos emitir un comunicado de felicitación a las fuerzas policiales por la detención ese día de dos de los terroristas más buscados, Oier Gómez Mielgo e Itziar Moreno, después de una persecución por el centro de Francia que duró toda la noche, en la que intervinieron 300 agentes y en la que se sucedieron tres tiroteos en tres lugares distintos. Porque no es coherente que las asociaciones se dediquen en exclusiva a indignarse con el Gobierno y a desfilar del brazo del PP y, en cambio, no digan esta boca es mía cuando los terroristas caen o las camarillas que dirigen a los pistoleros son acorraladas. Porque se supone que alegrarse se deben de alegrar en aras, también, de la congruencia, el coraje y el honor.

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