editorial

El límite de lo soportable

EL peor dato que enseña la Encuesta de Población Activa (EPA) de este tercer trimestre es que el incremento del paro se ha debido a la destrucción de empleo en casi todos los sectores económicos: 96.000 puestos de trabajo perdidos, lo que indica una acelerada merma del tejido económico del país. Saldadas ya las cuentas con el sector de la construcción, indudablemente hipertrofiado durante años, son la agricultura, la industria, los servicios, pero, en especial, el empleo público, los que han contribuido a que España alcance una tasa de paro del 25,02%, que llega a ser dramática en el caso andaluz: un 35,42%, con lo que uno de cada tres andaluces activos está sin trabajo. ¿Dónde está el límite, no ya de la crisis, sino de los resortes de un país para soportar tal cantidad de parados? Las previsiones del Gobierno ya han saltado por los aires -esperaba una tasa de desempleo del 24,3% al cerrar 2012-, pero todo indica que nos acercamos peligrosamente a los seis millones de parados. De seguir así la tendencia, es probable que las arcas del Estado no den abasto para proporcionar tantas prestaciones por desempleo, porque hay que considerar que a estas cifras tan elevadas se debe sumar que parte del trabajo destruido era de calidad y que, por tanto, las ayudas que ahora se cobrarán serán de las más altas. El Gobierno gastará 953 millones de euros más este año por la subida del desempleo y, según la agrupación de inspectores de Hacienda, sólo en IRPF se dejarán de ingresar 2.000 millones de euros si la tendencia sigue como hasta ahora. Ningún país puede soportar estas cifras por mucho tiempo, ni económicamente por el gasto que supone, ni socialmente, porque a quienes aún cobran algún tipo de ayuda hay que sumar las miles de familias que se han quedado fuera de cualquier red de protección. El coste de los ajustes fiscales impuestos por la Unión Europea se hará inasumible si Bruselas y el Banco Central Europeo no responden con políticas de estímulo y con acciones que relajen la presión sobre la deuda. El dato esgrimido por el Gobierno ayer de que la destrucción se da, en especial, en lo público no sirve de consuelo.

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