Opinión

Miguel Ángel Gentil Govantes

Un logro de la sanidad andaluza

EN 2009 se cumplen 25 años en el registro andaluz de pacientes con insuficiencia renal en tratamiento con diálisis y trasplante (Sicata); junto al catalán, es el registro más antiguo de España. En ese tiempo el número de pacientes mantenidos con vida gracias a estas terapias se ha multiplicado por cinco, hasta cerca de 8.000. Al mismo tiempo el trasplante ha ido ganado protagonismo hasta beneficiar a la mitad de los casos tratados. Por tanto, nuestro sistema sanitario ha afrontado este grave problema apoyándose sobre todo en la mejor de las opciones de tratamiento: el trasplante renal. Como es sabido, el trasplante, cuando está bien indicado, ofrece una supervivencia más prolongada y con mejor calidad de vida que la diálisis.

Un reto añadido ha sido la naturaleza cada vez más frágil de los pacientes atendidos. En 1984 la edad media de los pacientes tratados era de 44 años y sólo el 7% tenía más de 65 años. En cambio a final de 2007, la edad media era ya de 57 años y el 37% superaba los 65 años. Este marcado envejecimiento de los casos tratados obedece en parte a un envejecimiento de la población general (la enfermedad renal es propia de personas mayores). Pero también es un producto del propio éxito médico: se prolonga mucho la vida de esas personas y los buenos resultados animan a los nefrólogos a indicar la diálisis en individuos de edad más avanzada y con enfermedades asociadas. Como consecuencia el programa de tratamiento de la enfermedad renal ha ido aumentando al mismo tiempo su volumen y su complejidad, generando exigencias crecientes de organización y consumo de recursos. Otro efecto es que muchos de los pacientes actuales ya no son candidatos adecuados al trasplante. La combinación de edad avanzada y presencia de otras enfermedades disminuye la expectativa de mejora con el trasplante, entrañando incluso un riesgo inaceptable para el paciente. Se explica así que actualmente menos del 20% de los pacientes dializados estén en disposición inmediata de recibir un trasplante renal. Lo anterior no significa que todos los pacientes mayores se excluyan del trasplante. De hecho la edad de los pacientes trasplantados ha ido incrementándose también con el tiempo: entre 1984 y 2007, el porcentaje de mayores de 60 años ha pasado nada menos que del 2% al 22%. Añádase otra dificultad: los órganos de donante cadáver empleados para el trasplante tienden a ser en los últimos años de menor vitalidad. Proceden en su mayoría de fallecidos a edad avanzada (20 años más de media que en 1992) y por problemas vasculares, en lugar de donantes jóvenes muertos en accidente, debido a la disminución espectacular de la siniestralidad del tráfico. Con tales dificultades hubiera sido de esperar un deterioro de los resultados del trasplante, porque como es natural las personas mayores tienen más complicaciones y mueren antes después del trasplante. Pues bien, un reciente estudio del Sicata no muestra un empeoramiento de las cifras de mortalidad tras el trasplante, sino más bien lo contrario. En un análisis con datos brutos, la supervivencia del paciente trasplantado parecía permanecer estancada desde comienzos de los años noventa. Pero cuando el cálculo se corrige teniendo en cuenta las peores características de los trasplantados muestra que en realidad la supervivencia ha seguido mejorando. Este progreso puede atribuirse a multitud de avances en las técnicas y cuidados del paciente. Un factor decisivo ha podido ser que, pese a sus también peores características, los riñones duran cada vez más tiempo gracias a los nuevos fármacos antirrechazo.

De una forma más sintética: desde mediados de los ochenta a la actualidad la supervivencia del paciente a los 10 años del trasplante renal ha aumentado del 73% al 82% y la del riñón trasplantado desde el 41% al 58%, pese a las peores condiciones de donantes y receptores.

En conclusión: el sistema sanitario andaluz ha sido capaz de dar una respuesta efectiva al problema de la insuficiencia renal a lo largo de estos 25 años. Un número creciente de personas pueden sobrevivir gracias a los tratamientos sustitutivos, en especial del trasplante renal, con resultados que tienden a mejorar con el tiempo.

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