La tribuna

aLBERTO GUALLART

Nuestra lucha

CUANDO hay que manipular productos peligrosos e inflamables, mejor aún que tomar todas las cautelas necesarias, mucho más seguro es confiarse a quien está capacitado para ello. Mucho más seguro y prudente es repostar combustible en una gasolinera atendida por empleados de carne y hueso que no en esas otras donde sólo funciona una máquina incapaz de impedir que el día menos pensado un loco o cualquier manazas abra una sucursal del Armagedón.

Y vienen estas recomendaciones a cuento de la polémica reaparición en Alemania del breviario o catecismo nazi.

Mein Kampf de Hitler circula otra vez por Alemania desde el pasado mes de enero, fecha en que se cumplieron 70 años del suicidio del autor y, en consecuencia, prescribieron también los derechos y el copyright de la obra, en poder del Gobierno regional de Bavaria desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Las autoridades bávaras han mantenido siempre una obstinada negativa a permitir la reedición del libro en Alemania. Sin embargo, una vez libre de trabas legales, Mein Kampf regresa a las librerías en edición crítica y comentada a cargo del Instituto de Historia Contemporánea de Munich. Dos tomos, 2.000 páginas y 3.500 notas aclaratorias que quieren desmitificar al líder nazi y poner científicamente al descubierto sus mentiras.

A pesar de la prohibición, cualquier alemán interesado en hacerse con un ejemplar de la obra de Hitler ha podido y puede conseguirlo sin inconveniente alguno en librerías de segunda mano, en ediciones previas a 1945, o bajárselo de esa biblioteca, alejandrina y babilónica, que es internet.

La discutida reaparición ahora del panfleto hitleriano se ve acrecentada por la propuesta de incluir su estudio en el currículo de la enseñanza secundaria alemana. Hay quienes piensan que devolverle la palabra al histriónico pelele austriaco es sumamente inoportuno en un momento en que muchos sustituyen al judío por el musulmán en ese perpetuo juego de rol o cacería del otro extraño que practica la especie humana desde que el mundo es mundo. Mein Kampf reeditado añadirá, sostienen sus detractores, una herramienta más al esparcimiento del odio que promueven movimientos revival, fanáticos y apocalípticos como los cruzados de Pegida.

Entre los judíos, obviamente, tampoco deja indiferente la nueva edición de la autobiografía de Hitler. Unos aceptan la reedición del libro, ya que los informados comentarios que lo acompañan evidencian que la obra es pura propaganda; otros, el ala más ortodoxa israelí y algunos supervivientes del Holocausto, consideran todo esto una aventura cuyos peligros superan con mucho a los beneficios que puedan alcanzarse con las académicas exhumaciones de Mein Kampf.

Efectivamente existe el riesgo de que la alta toxicidad del producto nos infecte, pero no nos queda otra si es que queremos estimular el sistema inmunológico de nuestras sociedades para prevenir futuras epidemias.

Quizá este polémico debate en torno al texto nazi sea de rebote una buena ocasión para releer otro clásico de la cultura alemana, como es el texto de Kant, ¿Qué es Ilustración?, escrito en 1784 y dedicado a Federico II de Prusia. Tras alentar al hombre a prescindir de las muletas ideológicas que lo exoneran de pensar por sí mismo, sapere aude!, ¡atrévete a saber!, Kant distingue entre "uso público" y "uso privado" de la razón. Cuando un militar en campaña recibe de la superioridad una orden que juzga inadecuada no ha de remolonear su cumplimiento, a ello le obliga su condición de militar y el "uso privado" al que tiene que humillar todas sus facultades, también las intelectivas. Ahora bien, finalizada ya la contienda y en cuanto hombre docto e ilustrado en las artes castrenses, ese mismo soldado tiene el derecho y la obligación de exponer y de defender sus puntos de vista y argumentaciones por los medios y ante el auditorio que crea más eficaces. A eso le urgen su condición racional y el derecho a usar en público y sin restricción de las facultades de su entendimiento.

En democracia todos nos sentimos invitados y amparados legalmente a esparcir nuestras opiniones con el afán de conquistar adeptos. El Código Penal es la única limitación. Impedir las reediciones críticas del manifiesto nazi bajo la supervisión de hombres doctos, que son los historiadores, agranda su leyenda y deja la obra en manos de su apologetas. La páginas originales de Mein Kampf nos hablan de cuál fue la lucha de Adolf Hitler, su reedición comentada nos recuerdan cuál es la nuestra.

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