Hoja de ruta

Ignacio Martínez

La madrastra de Blancanieves

EL presidente Zapatero, en contra del sentido común y las peticiones de la oposición en el Parlamento nacional, se ha resistido como gato panza arriba a reducir el déficit público. Ahora lo va a hacer en serio porque se lo exige Europa. Este truco es muy socorrido. El clásico era, yo no quiero, pero me obligan los burócratas de Bruselas. Y la versión adaptada esta semana es que nos obliga el resto de los países, para aceptar el coste y los riesgos de un blindaje de la Eurozona. Es la estratagema de presentar a Europa como a una madrastra. Cuando hay una buena noticia, como puede ser un fondo comunitario para construir un colegio, un hospital, una carretera, un puente, un puerto, unos nuevos regadíos, barcos pesqueros o un aeropuerto siempre hay un concejal, consejero o ministro que se pone la medalla. Aquello se ha conseguido gracias a su tenacidad, a su instinto o a su talento.

Pero cuando hay un disgusto que dar, es cosa de Bruselas. Ya he contado alguna vez que Joan Majó, que fue ministro de Industria con Felipe González, contaba cómo en un Consejo de Industria de la Comunidad Europea, en julio de 1986, a la hora de votar un asunto los doce ministros que entonces se sentaban en la mesa dijeron lo mismo: que aquello era muy importante y había que aplicarlo, pero que ellos no podían volver a sus países y decir que lo habían aprobado. El presidente de turno, que era un británico, constató que había unanimidad a favor, pero todos los ministros dijeron en sus ruedas de prensa que la decisión salió adelante con su voto en contra. Si los ministros hubiesen dicho la verdad en sus declaraciones, el resultado verdadero de la votación habría sido un rechazo por unanimidad.

Pedro Aparicio, vicepresidente del Consejo Andaluz del Movimiento Europeo, explica de manera gráfica cómo en el siglo XIX, y Francia puede ser un ejemplo, la figura del rey como padre de la nación es sustituida por la del Estado. El Estado es un padre que exige obligaciones a los ciudadanos, desde fiscales hasta arriesgar su propia vida empuñando las armas. Y en ese momento se mitifica la figura de la nación como la madre a la que hay que proteger y cuidar. En una interpretación freudiana se podría decir que hay un proceso de infantilización. Los hijos de la nación son hermanos entre sí y conviven en el mismo hogar. La madre es la nación amorosa y el padre un Estado exigente.

Hoy día tampoco estamos lejos de interpretaciones románticas de la historia. Cuando España entró a formar parte de la CE, Europa era nuestra madrina. Una hada madrina que nos daba amparo, seguridad y dinero para la agricultura o la cohesión. Hoy, que vienen mal dadas, es la madrastra de Blancanieves.

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