La ciudad y los días

carlos / colón

Ni la madre que lo edificó

LA antigua sede del Banco de Andalucía se convertirá en un hotel. Lo normal en el resort presidido, como si fuera el castillo de La bella durmiente de Disneylandia, por esa caja registradora gótica que es la catedral de Sevilla. La buena noticia es que el horroroso edificio se remodelará y se reformará su fachada. Ojalá que esta transformación sea tan profunda -aunque más acertada- que las faciales de Redford y Zelwegger.

El Banco de Andalucía se integra en los disparates perpetrados desde que en los terribles 60 se empezó a derribar la Avenida llamada Cánovas del Castillo cuando se construyó en los primeros 31 años del siglo XX, Libertad cuando se siguió construyendo durante la Segunda República, José Antonio Primo de Rivera y Queipo de Llano durante los años de su parcial destrucción y de la Constitución cuando se frenaron los derribos. Recuerdo el cartel que anunciaba la demolición de la casa del Marqués de Villamarta, obra de Aníbal González en la esquina con García de Vinuesa, salvada por el primer Ayuntamiento democrático.

Antes de esos derribos toda la Avenida, de una punta a otra, era un espléndido catálogo de arquitecturas que iban del capricho neomudéjar del edificio de la Adriática de Espiau (más conocido como Filella desde que la difunta confitería abrió en 1935) al racionalismo del bello edificio de Adolfo Rodríguez Jurado nº 6 de Galnares o el regionalismo del Coliseo de los Gómez Millán.

Donde se alzó el mamarracho del Banco de Andalucía -de cuyo autor, ya que estamos en el año cervantino, no me quiero acordar- había unas casas de dos plantas del XIX y una regionalista de tres plantas. Ante ellas se alzaba el popular soporte publicitario El Faro, que aún hoy da nombre a la tribuna de los palcos. Junto a ellas se construyó entre 1938 y 1941 el no del todo indigno mamotreto madrileñista de la Unión y el Fénix, obra de Fernando Cánovas del Castillo que proseguía el ímpetu constructivo de esta compañía desde que los franceses Jules y Raymond Fevrier construyeron en 1910 el famoso edificio que abre la Gran Vía madrileña. El Banco de Andalucía fue una muestra más de la mala arquitectura -ni moderna ni puñetas: mala- que vulgarizó Sevilla sobre todo, pero no solo, en los años desarrollistas de la dictadura. Porque la tarea la culminó, bromas de la historia, un alcalde socialista. Que lo remodelen. Pero, por favor, tan a fondo que no se le reconozca.

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