Ramón Vila

a l maestro y amigo

Apesar de la titánica lucha que has tenido con la enfermedad, a pesar de los ímprobos esfuerzos de tu mujer María Angeles y a pesar del apoyo de todos tus hijos, no has podido ganar esta batalla y nos dejaste para siempre… bueno, para siempre no, porque para los que gozamos de tu presencia siempre estarás con nosotros.

Tu prestigio como profesional estará siempre presente porque te lo ganaste con tu vocación, tu inteligencia y tus grandes dotes de cirujano, no en vano ocupaste cargos de enorme responsabilidad desde la Facultad de Medicina hasta el Hospital Virgen del Rocío del que fuiste Jefe del Departamento de Cirugía y lo llevaste a alcanzar categoría internacional con tu recia pero fructuosa personalidad.

A tu lado viví esos años aprendiendo y gozando de nuestra querida Cirugía. Participé contigo cuando fuiste presidente de las Sociedades de Cirugía Española y la de Gastroenterología. Colaboré contigo en los congresos nacionales e internacionales que presidiste y en los que aprendía de tu saber hacer las cosas. También estuve junto a ti en los momentos difíciles que se producen en la vida y nunca te vi desfallecer, sino que, por el contrario, siempre mirabas hacia adelante logrando superar esos momentos. No sabes lo que me ha servido en mi vida esta enseñanza.

Pero desde que te conocí yo sabía que detrás del profesional había un hombre importante y poco a poco fui entrando en ese círculo íntimo de la persona y descubrí lo que sospechaba. Si bueno eras como doctor mejor eras como persona. Si parecía que tenías un carácter algo arisco, eras alegría y bondad cuando se llegaba a tu cercanía. Por eso todos los que tuvimos la suerte de entrar en tu círculo íntimo te apreciábamos y te queríamos.

Hoy recuerdo con emoción a ese Tomás familiar, alegre, entrañable y algo guasón que nos recibía en Antón Diaz con la alegría de quien sabe vivir en pleno campo. A ese Tomás que alegraba al grupo con su preclara inteligencia y que además nos ganaba a todos. A ese Tomás que disfrutaba con una buena tostada a los pies de una buena hoguera.

Por todo esto me he permitido sacar estos recuerdos de mis sentimientos para que sepas que siempre vivirás en el recuerdo y en el corazón de este amigo.

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