La tribuna

Adela Muñoz Páez

La magia de la Ciencia

SON más de las siete de la tarde de un jueves lluvioso cuando a la Facultad de Matemáticas empiezan a llegar personas de todas las edades. Alumnos de instituto junto a sus profesores, alumnos de las facultades de Física, Química y Matemáticas, profesores de estas facultades y en primera fila un grupo VIP: alumnos de Primaria que se estiran para asomar la cabeza por encima de los pupitres. El Aula Magna está llena a reventar de alumnos andaluces de varias generaciones, esos que una ex ministra dijo que eran analfabetos.

José Antonio, profesor de la Facultad, presenta a los artistas invitados: Miquel, profesor de química cuántica de la Universidad de Girona, y Fernando, profesor de análisis matemático de la Politécnica de Madrid. José Antonio ajusta el micrófono y Miquel y Fernando comienzan a hablar de los números naturales -1, 2, 3, 4….- y de la Tabla Periódica. Parece una clase más hasta que salen llamas del libro que abre Fernando. Entonces lo cierra precipitadamente y empieza a sacar alumnos para formar un delirante equipo de fútbol. Bautiza a su entrenador, que debe de andar por los 12 años, con el peculiar nombre de Mendelevio, y a los jugadores como Nobelio, Rutherfordio, Einstenio, Fermio o Curio. Pero en lugar de jugar un partido, los componentes del equipo comienzan un curioso combate de números en el que también participa el resto de los asistentes sumando y restando los que aparecen en unas cartulinas que les han repartido Miquel y Fernando. Esos números llevan asociados un par de letras que son los símbolos de los elementos químicos que se llaman como los jugadores del equipo del estrado. El partido termina cuando, jugando con números y letras, Fernando adivina el elemento/jugador que había elegido Mendelevio como capitán del equipo, dejando boquiabiertos a grandes y chicos.

Luego toca hacer un viaje por extraños lugares -Europio, Californio, Francio, Polonio…- dibujados en un tablero que hay en la pizarra, saltando de una casilla a otra como se mueven los peones en el juego de ajedrez. El viaje lo hace otro alumno de esta peculiar clase en el tablero de la pizarra y el resto de los asistentes en unas cartulinas con una tabla similar a la de la pizarra. Parece un viaje caótico porque cada uno se mueve como le parece, pero al final todos terminan en el mismo lugar. ¿Cómo es posible que los profesores hayan teledirigido a las más de cien personas que hay en el aula hasta el Californio?

¿Y el agua? ¿También encierra misterios? Una chica menudita está convencida de que su experimento no va a terminar bien cuando el profesor de química le dice que se ponga encima de la cabeza un vaso lleno de agua y la pone a dar vueltas, mientras él se bebe el agua de otro vaso como el suyo ¿acabará empapada? Toda la sala contiene la respiración….

Entre números, letras, agua y fuego han pasado más de sesenta minutos y los profesores tienen que recordar que la clase ha terminado. ¿De qué materia era esa clase tan peculiar? ¿De matemáticas? ¿Quizás de química? Porque resulta que el elemento Mendelevio fue bautizado así en honor a Mendelejev, un químico ruso al que no conoce casi nadie a pesar de que inventó hace más de 150 años la Tabla Periódica, una organización de los elementos en filas y columnas extraordinariamente útil para predecir las reacciones químicas.

En realidad la clase no era exactamente de química ni de matemáticas, se trataba de "La magia de la Tabla Periódica", un fascinante espectáculo que mezcla la magia con las matemáticas y la química en unas proporciones tales que consigue tener embelesada a una muy heterogénea audiencia. Fernando y Miquel son unos auténticos magos, no porque hagan arder un libro o desaparecer una carta, sino porque consiguen que el auditorio haga el esfuerzo de realizar la más fascinante de las tareas: usar la mente para seguir los juegos matemáticos que van proponiéndoles.

Estos dos profesores forman uno de los magníficos grupos que en España se dedican a hacer divulgación científica por amor al arte, con muy poco dinero pero con mucha ilusión, empeñados en sacar a la ciencia del empolvado desván en el que ha estado. Como científicos están comprometidos con la investigación, como profesores universitarios están comprometidos con la enseñanza, pero en este espectáculo se trata de divertirse y divertir. Porque están tan enamorados de su profesión que no pueden dejar de hacer partícipe de su pasión a toda la sociedad.

José Antonio, Miquel, Fernando y los asistentes a su fascinante espectáculo son la España real, el país que estudia, trabaja y se divierte sin distinción de edades ni acentos y sin necesidad de hacer dispendios económicos. Es el país de gente como la que llenaba un Aula Magna de la Facultad de Matemáticas un jueves lluvioso de noviembre. Un país del que sentirse orgullosos.

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