el medio centro

Carlos Izquierdo /

¿La maldición de LeBron?

La marcha de James a Miami se asemeja a la de Ruth de los Boston Red Sox y a la de Guttman del Benfica

EN 1918, los Boston Red Sox ganaron las Series Mundiales de béisbol. Lo hicieron gracias a uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, Babe Ruth, que destrozaba prácticamente el mismo número de bates que de tabernas en Boston. Ruth era el héroe. De origen más que humilde, prácticamente dejó el orfanato para irse a ganar partidos a Fenway Park. Con lo que no contaba el feliz y gordito Ruth era con que al dueño de los Medias Rojas, el empresario teatral Harry Freaze, le hiciese falta el dinero después del fracaso de unos de los musicales que producía en Broadway, protagonizado por su novia. Ni cortó ni perezoso, en 1920 vendió a Ruth por 125.000 dólares al eterno rival, los Yankees de Nueva York a los que El Bambino dio gloria eterna tras lanzar su maldición de que Boston no volvería a ganar las Series Mundiales. No acertó del todo, pero en Boston nadie del béisbol celebró nada hasta 2004, 84 años después de la marcha de Ruth y 56 después de su muerte.

En 1962, el Benfica, de la mano de Bela Guttman, le ganó la Copa de Europa al Real Madrid. El técnico, húngaro de origen judío y cuya vida daría para una estupenda serie, está considerado como el padre del famoso 4-2-4 y como uno de los mejores entrenadores de la historia. Pero en aquel verano del 62, tras alcanzar la gloria, los directivos pensaron que era mejor destituirlo. Contrariado, Guttman se fue con una advertencia: el Benfica no volvería jamás a ganar la Copa de Europa. 49 años después, el equipo de Lisboa ha perdido cinco finales y no ha vuelto a levantar una orejona.

En 2010, LeBron James se marchó de Cleveland, su casa, para llevarse "su talento" a South Beach, a Miami. Tras la quema de camisetas de chaval de Akron, Ohio, el dueño de los Cavs, Dan Gilbert, lanzó su maldición: "Personalmente garantizo que los Cleveland Cavaliers ganarán un anillo antes de que el autonombrado king gane uno. Dadlo por hecho". Por ahora, Dirk Nowitzki le ha dado la razón. Y la vida sigue.

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