La ciudad y los días

Carlos Colón

Cuando el maltrato vendía

NO importa lo que ha pasado. Usted lo ama y él es un hombre". Se trata de un anuncio de colonia y artículos de perfumería de los años 60 que me envía uno de esos pacientes artesanos de la red que hacen lo que se suele llamar, si no me equivoco, "presentaciones". Quien no vea el anuncio pensará que lo que no importa que haya pasado es una de esas infidelidades o avasalladoras seducciones que hoy en día sigue presentando la publicidad de cosméticos y perfumería. Ya saben: amores corsarios, tipos despechugados, amantes despechadas, seductoras irresistibles, machos que las vuelven locas, perfumes o desodorantes que actúan como pócimas amorosas de Circe o de la Celestina. Pero no es a estos juegos de seducción a lo que se refiere.

En la fotografía que ilustra el anuncio se ve a una sonriente mujer con un ojo morado y tras ella a un hombre con los puños enfundados en unos guantes de boxeo. Evidentemente se trata de una apología de los malos tratos que actualiza -con ínfulas de modernidad yé-yé en su presentación, además- aquellas perlas de la cultura popular tipo "la maté porque era mía" que tan cumplidamente reflejaron las letras de las coplas flamencas que decían "en la esquinita te espero, chiquilla; como no vengas, aonde te encuentre te pego" o "la gachí que yo camelo, si otro me la camelara, sacara mi navajita y el pescuezo le cortara"; y en retratos en su día tan famosos como el del hombre/hombre que le decía a la María Manuela de Rafael de León: "No tienes que engalanarte pa nadie más que pa mí. Ni más zapatos de Gilda, ni más turbantes de raso; para presumir te sobra con cogerte de mi brazo; y como un día te vea que enciendes un cigarrillo vas a echar, entrañas mías, el humo por los tobillos. No quiero que me pregunten: 'Esa gachona, ¿quién es?, ¿una secretaria de esas que beben champán francés?'. Ni tú eres mujer moderna ni quiero que lo aparentes; que yo te prefiero antigua y oliendo a mujer decente".

Recordando estas cosas se atemperan las críticas y burlas a lo políticamente correcto en lo que se refiere a las cuestiones de género u opciones sexuales que afectan a las mujeres o a los homosexuales. Es cierto que a veces la exageración o manipulación de lo políticamente correcto puede rozar lo ridículo, incurrir en lo oportunista o generar nuevas beaterías bien pensantes (esta vez de signo "progre"). Pero es aún más cierto que estas exageraciones o manipulaciones son un mal menor, y muy menor, si se comparan con la apología de los malos tratos y la discriminación sexual que hasta los años 60 y 70 era cosa corriente en nuestro país.

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