Hoja de ruta

Ignacio Martínez

El que manda, manda

EUROPA salió de la Segunda Guerra Mundial como un protectorado militar norteamericano. Y sale de la cumbre de ayer como un protectorado económico alemán. El asunto militar ya forma parte del paisaje. Incluso una operación como el ataque a las fuerzas de Gadafi en Libia, realizada a iniciativa francesa y británica, acabó colgándose en la percha de la OTAN. Al fin y al cabo, los americanos tienen los mejores sistemas de comunicaciones por satélite y los aviones radar Awacs son suyos. Una cuestión de músculo y de comodidad por cada parte. Desde que en 1949 se fundara la Alianza Atlántica ha sido recurrente la demanda estadounidense de que Europa debería contribuir más al presupuesto aliado. Hasta hoy.

En el mismo Tratado de Maastricht, de 1991, en el que se aprobó la Unión monetaria y económica, se estableció un modesto concepto de emancipación: la identidad europea de defensa, que tendría su pilar en la Unión Europea Occidental (UEO). Un año después, los daneses rechazaron el Tratado en referéndum, entre otras muchas cosas porque no querían volver a ver los tanques alemanes por las calles de Copenhague, ni de visita. Preferían seguir bajo el paraguas americano. La idea se dejó sentir en la revisión del Tratado que se realizó en Amsterdam en 1997. Se pusieron las cosas claras. Dos frases, como ejemplo: "La Alianza Atlántica sigue siendo la base de la defensa colectiva" y "la UEO constituye un elemento fundamental del desarrollo de la identidad europea de defensa dentro de la Alianza Atlántica". O sea, el que manda, manda.

El resultado de la cumbre de Bruselas de esta semana es similar. La unión monetaria no estaba bien diseñada y no se ha realizado la unión económica prevista. El Banco Central Europeo se hizo a imagen y semejanza del Bundesbank. Su misión sagrada es la estabilidad de precios; controlar la inflación es la obsesión alemana. Y no está entre sus competencias ni la compra de deuda, ni mucho menos la emisión de eurobonos. El intento de controlar el déficit es muy loable. Pero los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la capital comunitaria se han olvidado de que, en el origen, esta era una crisis financiera, que provocó un colapso del crédito, que a su vez hundió la actividad y el consumo. Detrás vino una drástica reducción de la recaudación de impuestos, los déficits se dispararon y la suscripción de deuda se desbocó.

Ahora, por orden de Alemania se ataja una de las consecuencias de la crisis, pero no se arbitran soluciones para las causas: dudosa solvencia bancaria, diferenciales astronómicos en los intereses de la deuda entre la germana y los países del sur, y el crecimiento europeo estancado. El Consejo Europeo no da más de sí. Está compuesto por pocos pesos medios o ligeros y muchos pesos pluma. En ausencia de pesos pesados, se impone la economía hegemónica. El que manda, manda.

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