La ventana

Luis Carlos Peris

Qué manera de regar con sangre el oro

QUIEN no ha visto toros en El Puerto no sabe qué es una corrida de toros, dijo sentencioso José y ahí en la Real Plaza está perpetuada la frase en azulejo situado en su parte más noble. Y en esa tarde de viernes se estaba justificando el aserto con un Manzanares colosal y un Morante que escapa ya a todos los registros mientras Julio Aparicio paseaba su impotencia por la tarde portuense. Estratosférico Morante de la Puebla, qué forma de hacer el toreo mientras lo contemplaba silente y faraónico Curro Romero desde la barrera que ocupaba junto a la Duquesa, también silente y sin manifestarse ante la manifestación de arte del ribereño. Y cuando más celestial era la faena, el resbalón y la cornada. El arte era regado por la sangre del artífice y es que a estos elegidos sólo los cogen los toros toreando, con las plantas asentadas y los avíos viajando con lentitud. Cómo estaba toreando Morante en El Puerto...

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