Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Se fue de la mano de su abogado defensor

ERA de mi quinta y buen amigo, que hay que ver la nómina de amigos muertos cómo se ha engrosado en los últimos meses. Pedro de Felipe era un tipo estupendo, muy amigo de sus amigos y un defensa central que tuvo que sustituir a José Emilio Santamaría, nada más y nada menos. Lo ha matado el cáncer y la verdad es que también pudo caer en uno de los infinitos lances futbolísticos en los que tanto arriesgaba saliendo de la barrera.

No he conocido a un solo futbolista que tuviese tantos cojones para salir a taponar el zambombazo del rival, tanto a balón en juego como en la intentona de abortar el libre directo de Luis, Marcial, Waldo o de aquel trianero del Sevilla llamado Emilio Pintado que le daba que lo descosía. Fue De Felipe uno de aquellos héroes que ganaron la Copa de Europa más española que jamás logró equipo alguno, sobre todo por lo que hizo en semifinales contra Sandro Mazzola.

Le persiguió durante toda su carrera el estigma de haber lesionado al barcelonista Bustillo tras hacer dos goles. La televisión de la época, que no contaba sólo con la limitación del blanco y negro, jamás aclaró qué fue lo que ocurrió, pero le pasó factura, vaya si le pasó. Y eso le costó algún desencuentro cuando se fue a jugar al otro lado de la Diagonal, precisamente a las órdenes de Santamaría el hombre que vio cómo Pedro le despojaba de sus galones en la zaga madridista.

Se ha ido prácticamente de la mano de Manolo Velázquez, su contrapunto en el Madrid ye-yé, el compañero que dio la cara por él ante un presidente indignado y cuando Santiago Bernabéu se indignaba temblaba Concha Espina. Van muriéndose amigos y amigos como sin solución de continuidad, y en el mismo día se fue Quique, aquel gigantesco portero del Valencia que se sentó en el larguero para solaz de unos niños que levitamos con esa foto. Descansen en paz.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios