Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Con las manos en la caja

ACajagranada le ha costado, como se suele decir, Dios y ayuda mantener su propio rumbo sin caer en la zarpa de lo que José Antonio Griñán todavía llama, sin que sepamos muy bien qué significa, sobre todo ahora, bajo unas circunstancias tan variables como insospechadas, el modelo de cajas de ahorro andaluz. Cajagranada lleva años, que digo años, décadas, huyendo de ese modelo constrictor diseñado desde el PSOE andaluz. Un modelo variable según las circunstancias temporales (de la caja única a la doble o triple caja) pero que, sospechosamente, siempre ha tendido a unos mismos fines: la disolución de la caja granadina en otro bloque (al principio el de Braulio Medel, luego Cajasol) y el sometimiento de los órganos de gobierno a los dictados de la Junta.

Sacar adelante un proyecto propio ha sido una empresa dificilísima. Las presiones han sido tan desmesuradas y constantes que parece increíble que los diferentes consejos, dominados por el PSOE de Granada, hayan podido resistir sin ser merendados por el voraz modelo andaluz. En la Junta, esa resistencia indómita se ha interpretado como una simple reacción localista de los granadinos a un proyecto común. En Granada, a tal empeño se le llama centralismo. Es verdad que ha habido localismo en esa defensa numantina de la autonomía de la caja pero no sólo localismo. También ha ido calando la idea de independencia frente a un modelo que exigía la sumisión y que levantaba suspicacias no sólo provincianas sino también financieras en el sentido más profundo.

Meter mano en las cajas ha sido una propensión común de los partidos políticos. En el caso andaluz, el mentado modelo de cajas no ha sido otra cosa que un modelo alimentado por una idea de predominio que, conforme ha transcurrido el tiempo y han cambiado las circunstancias, ha dejado en evidencia su auténtico sentido: un instrumento al servicio de un partido y de unas fines económicos muy discutibles, sobre todo para aquellas entidades con la solidez suficiente como para no transigir frente al nebuloso modelo.

Ayer tarde el consejo de Cajagranada aprobó su integración, junto con Sa Nostra, Caixa Penedés y Caja Murcia, en un Sistema Integrado de Protección (SIP) que permitirá a los socios unificar la tesorería, el departamento de riesgos o la relación con los mercados, sin renunciar a su identidad ni a mantener sus obras sociales. Dado que el periodo mínimo de un SIP es de diez años, aún tardaremos en conocer si la decisión ha sido acertada. Lo que sí termina en apariencia son años de acoso. Lo que no deja de ser un desahogo.

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