La ventana

Luis Carlos Peris

Hasta el mar parecía de luto

ENTRABA por los grandes ventanales todo el Mediterráneo, pero con una luz que no era la del Mare Nostrum, nada de su cegadora luminosidad de los grandes días. Sin duda alguna, este domingo de febrero tenía demasiado fresca en la memoria ese Día de los Enamorados embadurnado de pena por la confirmación de lo que íbamos temiendo, la muerte de esa niña desaparecida. También a Barcelona llegan los ecos del drama, todos nos ponemos en los tuétanos de los padres de Marta y el Mediterráneo que entra por el gran ventanal del restaurante en el Puerto Olímpico no puede ser menos. Estaba todo acorde con la tragedia y el mar se tornaba gris, como con sordina en las entrañas, y por los huesos se colaba un frío de muerte sólo con pensar qué destrozo el que esos padres tienen por dentro, cómo se les ha roto toda una vida por culpa de una de esas putadas que gasta el destino. Qué tristeza más insoportable...

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