Luis Nieto

El marrajo de la política y el doble lenguaje del PSOE

POR ocho votos se ha abierto la puerta a la prohibición de los toros en Cataluña, donde el marrajo de la política ha inferido una cornada de caballo a la Fiesta. Ahora, todo queda en manos de ese Parlamento para el próximo año.

Nos vendían que esto era un debate animalista, cuando ha sido político, ya que durante los últimos años los nacionalistas han ido identificando los toros como símbolo del españolismo. Ayer, sólo PP y Ciudadanos estuvieron a la altura. Sin embargo, PSC y CiU -máximos responsables de esta cornada a la Fiesta- dieron libertad de voto, algo surrealista, por cuanto habían presentado enmiendas a la totalidad. Hasta Durán Lleida se ha extrañado de que los socialistas dieran libertad de voto a sus diputados en este tema y no en el del aborto. El Partido Socialista, que en otras comunidades -como aquí, en Andalucía- fomenta la Fiesta, ofrece de esta manera un doble lenguaje que cuanto menos debería explicar a su electorado. El debate es exclusivamente político, máxime cuando ninguno de los partidos se atreve a meterse con los famosos correbous y el bou embolat, en la Cataluña del Ebro, consistente en correr al toro por las calles; en el segundo caso con bolas de fuego en los cuernos. Y no lo hacen porque los políticos que han intentado prohibirlos dejaron de ser votados.

Por otro lado, si todo fuera una preocupación moral por el maltrato de los toros y sus embestidas en la lidia -pastan en dehesas enormes y sufren un estrés durante la lidia, según especialistas, no mayor al del torero-, se debería debatir mucho antes el indulto de los 10 millones de cerdos a los que se les maltrata y sacrifica cada año en Cataluña -inmovilizados y en sitios cerrados- en pos de la butifarra.

Tampoco pueden alegar que en Cataluña se debe suprimir la Fiesta por falta de tradición o de ausencia de público. Sin adentrarnos en una historia en la que, entre otras cosas, se han celebrado toros hasta en tres plazas de Barcelona a la vez, la Monumental barcelonesa, una de las más grandes del mundo -caben 19.532 personas, unas 7.000 más que en la Maestranza- ha celebrado este año 25 corridas de toros, algunas con lleno de No hay billetes, cuando los carteles han sido excelentes -sin el paraguas protector de los abonos con el que cuentan en el resto de plazas-. Desde luego, no hay espectáculo de pago alguno -salvo el fútbol-, por muy catalán que sea, al que asista tanta gente en la Ciudad Condal.

Lamentablemente, por encima de esa identificación de los toros con el españolismo, de la postura animalista y hasta de la abolición de la lidia, lo más grave es el precedente de la prohibición de un espectáculo legal, en una tierra a la que se envidiaba por sus aires de libertad y de europeísmo y que se ha convertido en un territorio gobernado por aldeanas minorías independentistas y aliados maniatados en el tripartito. Si definitivamente se prohibieran en el Pleno de la próxima primavera los toros en Cataluña sucedería algo más grave que todo lo anteriormente citado y es el peligrosísimo precedente de una prohibición, un asesinato a las libertades ciudadanas. Ante esta señal de autoritarismo no nos queda otro remedio que gritar: ¡Prohibido prohibir!

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