Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

El medio (ambiente) es el mensaje

ANTE el consenso científico sobre el cambio climático y la naturaleza antropogénica del calentamiento global, el club del carbono, integrado por corporaciones petrolíferas, eléctricas o del motor, responde mediante distintas estrategias. Una de ellas consiste en atenuar o tergiversar el mensaje de la ciencia, para luego legitimar el papel, directo o indirecto, de esas empresas en la construcción del discurso medioambiental.

Algunas corporaciones americanas y europeas se apoyan en poderosos lobbys, que actúan sobre las administraciones y, también, sobre los medios, de los que aquellas suelen ser grandes anunciantes. Muchos think tanks conservadores alimentan el pensamiento escéptico sobre la crisis medioambiental o pregonan el negacionismo que sitúa el calentamiento global fuera de la influencia de la acción humana. De uno u otro modo, las empresas que basan su actividad en el empleo de energías no renovables, o aquellas que producen emisiones de gases de efecto invernadero, escurren así su responsabilidad y la trasladan a otros protagonistas.

Hay una tercera forma de intervenir más sutil: adueñarse del discurso de la sostenibilidad. Compañías de nuestro país, que han iniciado un giro positivo hacia la producción de energías renovables, promueven expresiones publicitarias de dudosa cultura ecológica, que pudieran afectar a la creación de conciencia sobre los problemas del cambio climático. Hay spots, muy conocidos, que se apropian del discurso de la sostenibilidad y lo elevan a emblema empresarial. Además, suplantan gratuitamente el imaginario de los menores, a quienes emplean en la construcción de un mundo feliz irreal, ajeno a la visión crítica que crea cultura ecológica y opinión pública.

La secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Rivera, nos dice que el Gobierno es sensible a esa instrumentalización publicitaria. Ciertas expresiones de la llamada responsabilidad social corporativa, que acompañan los intereses privados, no debieran oscurecer la responsabilidad social pública. En la demanda de las políticas medioambientales han de prevalecer los criterios objetivos de sostenibilidad, por encima de la retórica que se adueña, con anuncios de excelente factura, de la razón universal que entiende la naturaleza como patrimonio común.

Paseamos a Al Gore a 240.000 euros por conferencia. Le compramos, con destino a nuestras escuelas, miles de copias de Una verdad incómoda, un filme cuyo discurso apocalíptico ha perjudicado el mensaje científico, aunque ha servido para situar el problema en la agenda mediática. Ha llegado la hora de que los medios públicos, por coherencia con las políticas públicas, pongan marco al hecho inequívoco del cambio climático.

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