Cosas que pasan

Ricardo Castillejo

La mejor recompensa

SI, a día de hoy, tuviera que abandonar esta profesión, lo haría con la enorme satisfacción de haber conocido a la mayoría de los personajes que más he admirado y, mejor aún, con el orgullo de disfrutar de la amistad de algunos de ellos. Antonio Gala se encuentra entre mis favoritos y, el cariño que el escritor me ha demostrado desde siempre, no es sino una excelente razón -otra- para mantenerme al pie del cañón.

Y es que, la personalidad de Antonio es tan fascinante que convierte cada encuentro compartido en un nuevo aprendizaje y, sobre todo, en una puerta abierta al explosivo sentido del humor que, cual hombre inteligente que es, derrocha. "Tenemos que coincidir para echarnos unas risas", me comentaba esta semana algo cansado por el ritmo de promoción al que, desde que salió a la venta su novela -Los papeles del agua-, ha estado sometido. De Venecia a Barcelona, de Sevilla a Valencia o Bilbao, sólo le queda cumplir, esta misma tarde, con su público de Madrid para poderse tomar un par de meses de descanso en algún lugar del mundo alejado del propio mundo. "Voy a convocar a la gente en el Circo Price", me explica ante mi estupor por lo extraño del recinto. "Sí, sabes que mi vocación es hacer reír a la gente y, además, tiene el aforo más grande. Hasta ahora, todos se nos han ido quedando pequeño".

Contagiado de la gracia de Deyanira Alarcón, la protagonista de su texto, Gala, que está seguro haber sido encontrado por su personaje y no al contrario, siempre me pregunta por dos asuntos básicos: la salud y el amor. De la primera, al haber pasado él por dos muertes clínicas, poco le asusta y, en cuanto a lo segundo, ambos concluimos en lo difícil que resulta en la actualidad mantener cualquier relación. La cosa, ya saben, está "fatá"…

Por cierto que el cordobés acaba de celebrar cumpleaños, no desvelaré yo su edad, y, como regalo, le hicieron soplar las velas con una tarta realizada a imagen y semejanza de la portada de su libro. Un autor felicitado por su propia obra… ¿Conocen ustedes alguna recompensa mejor para un literato?

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